El aumento sostenido de los casos de sífilis durante los últimos años ha vuelto a instalar a esta infección de transmisión sexual en el centro de las preocupaciones sanitarias en Chile. Más allá del alza en las cifras, este complejo escenario epidemiológico abre interrogantes fundamentales sobre sus formas de contagio, las alternativas médicas para combatirla y las graves consecuencias que puede originar una detección tardía en los pacientes.
La enfermedad es provocada por una espiroqueta, correspondiente a un tipo particular de bacteria que se caracteriza por tener una forma alargada. Al respecto, la infectóloga y académica de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes, doctora María Luz Endeiza, explica que “la sífilis es una infección de transmisión sexual que se contagia justamente por tener contacto íntimo entre personas”. Otra vía de infección frecuente es la transmisión directa desde una mujer embarazada a su feto, situación que puede ocurrir durante el periodo de gestación o al momento del parto. Por este motivo, el sistema de salud en Chile mantiene estrictos controles prenatales orientados a identificar estos casos de manera precoz, tratar a la madre y a su contacto sexual, y así prevenir una eventual propagación.
Todo sobre Sífilis
Uno de los mayores desafíos médicos radica en el reconocimiento de las primeras señales, dado que muchos cuadros iniciales son asintomáticos o presentan manifestaciones poco específicas. Entre las lesiones más características destaca el chancro sifilítico, una úlcera en la zona genital que muchas personas confunden erróneamente con una herida común, lo que retrasa de manera peligrosa la consulta al especialista. Sobre el pronóstico de la patología, la doctora Endeiza es enfática en señalar que “la sífilis tiene cura, el tema es que hay que detectarla a tiempo”.
El tratamiento principal se basa en la administración de penicilina, un antibiótico de alta efectividad cuya aplicación varía entre la vía intramuscular y endovenosa, dependiendo de la etapa de la infección y la edad del afectado. En el caso específico de los recién nacidos con sospecha de haber contraído el patógeno, el protocolo indica el uso de este fármaco por vía endovenosa durante un periodo de diez días, requiriendo hospitalización y monitoreo constante.
Cuando transcurre demasiado tiempo sin recibir la atención adecuada, las espiroquetas continúan multiplicándose en el organismo, pudiendo provocar severos daños a nivel óseo, cutáneo, neurológico y en el sistema nervioso central. Frente a este riesgo, la académica advierte que la enfermedad “puede dejar algunas secuelas que no puedan ser reversibles si el tratamiento se demora mucho”. Finalmente, es crucial comprender que haber superado la infección no genera ningún tipo de inmunidad en el paciente frente a una nueva exposición a la bacteria. En este sentido, la profesional concluye aclarando que “uno se puede tratar con antibióticos, puede curarse, puede reinfectarse al volver a tener contacto con una persona enferma que no está tratada”.