El milagro financiero de Curicó: De las ruinas al superávit que nadie termina de explicar
30 de Agosto del 2026 · 07:30 ·Seguir en Google NewsEl contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de VLN Radio.
Abogado
Hay relatos políticos que se desgastan con el tiempo Y hay otros que terminan chocando contra algo mucho más implacable: los números.
En Curicó llevamos más de un año escuchando hablar de un municipio prácticamente arruinado, de una herencia financiera desastrosa, de déficits millonarios y de una situación que habría sido tan delicada que incluso se llegó a evaluar la posibilidad de comprometer patrimonio municipal para conseguir liquidez.
Todo sobre Columna de opiniónLa explicación era sencilla y políticamente conveniente: todo era culpa de la administración anterior.
El municipio estaba mal.
Muy mal.
Había que salvarlo.
Había que ordenar las cuentas.
Había que hacer sacrificios Y, por supuesto, había que explicar a los curicanos que muchos de los problemas que enfrentaba la nueva administración eran consecuencia directa del supuesto desastre financiero heredado.
Hasta ahí, nada extraordinario.
El problema comienza cuando aparece el presente.
Porque ahora resulta que el municipio tiene $843 millones de superávit.
Y aquí es donde el relato empieza a crujir.
No porque sea malo tener superávit.
Al contrario.
Ojalá hubiera superávit todos los años.
El problema es otro:
¿Cómo demonios pasamos de aquel supuesto desastre financiero a esto?
EL DÉFICIT QUE SE HIZO FAMOSO
Durante meses aparecieron cifras de déficit que crecían casi con la misma velocidad que la discusión política.
$3.000 millones.
$5.000 millones.
Cifras todavía mayores.
En determinado momento se habló incluso de montos cercanos a $10.000 millones.
Y mientras las cifras crecían, también crecía el dramatismo.
La municipalidad estaba en crisis.
El patrimonio municipal podía convertirse en una herramienta para conseguir recursos.
Las querellas contra el DAEM y la administración anterior del Cementerio agregaban nuevos antecedentes a una historia que parecía tener una conclusión escrita de antemano:
“Nos dejaron la municipalidad quebrada.”
Pero ahora aparece el pequeño problema de que la propia realidad política empieza a desmentir la épica.
No solamente porque existe un resultado positivo.
Sino porque dentro del propio Concejo Municipal comienzan a escucharse voces que cuestionan seriamente la magnitud del déficit que durante tanto tiempo se utilizó como bandera.
Y eso es mucho más significativo que la declaración individual de cualquier concejal.
Porque significa que el problema ya no es oposición versus oficialismo.
El problema es que el propio Concejo comienza a no comprar el relato.
CUANDO EL RELATO SE QUEDA SIN TESTIGOS
Este es el punto que debería preocupar a la administración municipal.
No que alguien de la oposición cuestione las cifras. Eso es normal.
No que la administración anterior se defienda.También es normal.
Lo realmente incómodo es que, después de meses de escuchar que existía un déficit gigantesco, ahora ni siquiera dentro del actual Concejo parece existir consenso respecto de cuánto era realmente ese déficit.
Y entonces uno se pregunta:
¿En qué cifra debemos creer?
¿En los $1.300 millones que aparecen en determinados antecedentes?
¿En los $5.105 millones que se comunicaron posteriormente?
¿En los $8.000 millones?
¿En los $10.000 millones?
¿O en ninguna porque simplemente estábamos comparando conceptos financieros diferentes?
Porque si la respuesta es esta última, entonces alguien debería haberlo explicado desde el principio.
Y si no lo explica, queda una sospecha inevitable: quizás el déficit fue mucho más útil políticamente que financieramente.
EL PROBLEMA NO ES QUE EL SUPERÁVIT EXISTA
Repitámoslo para que nadie se haga la víctima: el superávit es una buena noticia.
Si la administración actual consiguió ordenar las cuentas, enhorabuena.
Si redujo gastos, aumentó ingresos, pagó deudas y mejoró la gestión, que se le reconozca.
Pero una buena administración no se acredita diciendo “tenemos superávit”.
Se acredita mostrando cómo se llegó al superávit.
Porque si ayer había una emergencia financiera que justificaba incluso estudiar el uso de patrimonio municipal como garantía y hoy existen $843 millones positivos, la pregunta no es caprichosa.
Es inevitable:
¿Qué pasó entre medio?
¿DÓNDE ESTÁN LOS MILLONES?
Esta es la pregunta que nadie debería esquivar.
Si el déficit era de $5.000 millones, ¿qué ocurrió con esos $5.000 millones?
Si era de $8.000 millones, ¿qué ocurrió con ellos?
Si era de $10.000 millones, peor todavía.
Y si en realidad era de $1.300 millones, entonces alguien debe explicar por qué durante meses se instaló públicamente una cifra muy superior.
No hay escapatoria.
Alguna de esas versiones necesita una explicación.
Porque los millones no desaparecen por decreto.
No se evaporan porque cambie el alcalde.
No se convierten en superávit porque cambie el discurso.
Si existían obligaciones, alguien las pagó, las renegoció o las dejó pendientes.
Si no existían, entonces habrá que explicar por qué se habló de ellas.
Y si las cifras respondían a conceptos diferentes, habrá que tener la decencia técnica de decirlo.
EL LEASEBACK SIGUE AHÍ, COMO UN RECORDATORIO
Hay además un elemento que resulta imposible ignorar.
Cuando se plantea recurrir a patrimonio municipal para obtener liquidez, la situación financiera debe ser suficientemente seria como para justificar semejante discusión.
Entonces hoy hay una pregunta muy simple:
¿Qué pasó con aquella emergencia?
Porque si era real, queremos saber cómo fue superada.
Y si no era real, queremos saber por qué se instaló.
Lo que no parece aceptable es que aquella alarma desaparezca silenciosamente ahora que el municipio puede mostrar números positivos.
LAS QUERELLAS TAMPOCO RESUELVEN LA ECUACIÓN
Y aquí aparecen las dos querellas.
DAEM.
Cementerio.
Eventuales irregularidades,Perfecto.
Que se investigue todo.
Que se determine quién es responsable si corresponde.
Pero una querella no reemplaza una auditoría financiera Y tampoco convierte automáticamente una eventual pérdida en déficit municipal.
Por eso las querellas podrán explicar eventualmente responsabilidades, pero no explican por sí mismas cómo pasamos de una supuesta crisis de miles de millones a un superávit de $843 millones.
Para eso necesitamos otra cosa.
Necesitamos contabilidad.
LA AUDITORÍA: ESA INCÓMODA PROMESA PENDIENTE
Y aquí aparece el verdadero elefante en la habitación.
La auditoría externa.
La que debía determinar qué tan grave era realmente la situación financiera.
La que debía ordenar las cifras.
La que debía terminar con las especulaciones.
La que debía establecer responsabilidades y dimensionar correctamente el problema.
Mientras tanto, la política avanzó más rápido que la auditoría.
Se acusó.
Se defendió.
Se denunciaron irregularidades.
Se habló de millones.
Y ahora se anuncia un superávit.
Pero la auditoría sigue siendo necesaria precisamente porque el relato ya no parece sostenerse ni siquiera dentro del propio Concejo Municipal.
Y eso debería ser una señal de alerta.
YA NO SE TRATA DE MUÑOZ CONTRA BORDACHAR
Este es quizás el cambio más importante.
Durante mucho tiempo esta discusión podía presentarse como una pelea política entre la administración anterior y la actual.
Ya no.
Hoy la pregunta es transversal:
¿Cuál era realmente la situación financiera que recibió la actual administración?
Porque si ni siquiera quienes forman parte del actual Concejo tienen una versión uniforme sobre el tamaño del déficit, entonces resulta bastante difícil pedirle al ciudadano común que acepte como verdad revelada una de las cifras.
Y aquí no hay colores políticos.
Hay responsabilidad pública.
SI HICIERON EL MILAGRO, EXPLIQUEN EL MILAGRO
Si Bordachar consiguió transformar un déficit gigantesco en un superávit en poco más de un año, entonces estamos frente a una gestión financiera extraordinaria.
Pero extraordinaria de verdad.
Y precisamente por eso debería ser fácil mostrarla.
¿Cuánto se ahorró?
¿Cuánto se recaudó?
¿Cuánto se pagó?
¿Cuánto se renegoció?
¿Cuánto se dejó de gastar?
¿Cuánto llegó desde fuera?
¿Cuánto quedó pendiente?
¿Qué pasó con Municipio, Educación, Salud y Cementerio?
Y finalmente:
¿Cómo se llegó exactamente a los $843 millones?
Si la respuesta es sólida, el alcalde tendrá algo mucho más poderoso que cualquier discurso:
evidencia.
PERO SI EL DÉFICIT FUE UN RELATO, TAMBIÉN HAY QUE DECIRLO
Y aquí está la otra cara de la moneda.
Si finalmente la auditoría demuestra que el déficit fue sustancialmente menor al que se comunicó durante meses, entonces habrá que asumir una responsabilidad política.
Porque utilizar cifras millonarias para explicar una administración anterior no es inocuo.
Tiene consecuencias.
Genera alarma.
Justifica decisiones.
Construye reputaciones.
Destruye otras.
Y puede terminar convirtiendo una dificultad financiera real en una crisis política de dimensiones artificiales.
Por eso tampoco basta con que hoy aparezca un superávit.
Hay que explicar el pasado.
CURICÓ NO NECESITA UN CUENTO DE HÉROES Y VILLANOS
Lo que necesitamos es bastante menos cinematográfico.
No necesitamos que la administración actual sea presentada como la salvadora de Curicó.
Tampoco necesitamos que la administración anterior sea convertida en responsable universal de todos los males.
Necesitamos saber cuánto dinero había.
Cuánto se debía.
Cuánto se gastaba.
Cuánto se pagó.
Cuánto se recuperó.
Cuánto se perdió.
Cuánto se denunció.
Y cuánto queda.
Eso es todo.
Porque cuando hablamos de recursos públicos, la transparencia no es un favor que se le hace a la ciudadanía. Es una obligación.
Y cuando el relato comienza a tener más versiones que cifras, la sospecha deja de ser política.
Se vuelve razonable.
EL MILAGRO MÁS EXTRAÑO
Por eso el título no es exagerado.
Estamos frente a un curioso milagro financiero.
Hace un año, Curicó parecía estar al borde del precipicio.
Se hablaba de déficits millonarios.
Se discutía recurrir al patrimonio municipal.
Se presentaron querellas.
Se instaló una narrativa de desastre heredado.
Y hoy tenemos $843 millones de superávit.
Pero hay algo todavía más curioso:
ya no es solamente la oposición la que cuestiona el relato.
Dentro del propio Concejo Municipal aparecen voces que ponen en duda la magnitud del déficit que durante meses se utilizó para explicar la situación.
Entonces la pregunta ya no es solamente:
¿Dónde quedó el déficit?
La pregunta es bastante más incómoda:
¿Cuánto de aquel déficit era realidad financiera y cuánto terminó siendo combustible político?
Esa respuesta no la debe dar un alcalde.
Ni un exalcalde.
Ni un concejal.
Ni una conferencia de prensa.
La debe dar una auditoría seria y documentos que permitan seguir cada peso.
Porque si el milagro fue real, habrá que reconocerlo.
Pero si el déficit se infló para construir un relato, alguien tendrá que hacerse cargo.
Y mientras ninguna de las dos cosas esté demostrada, Curicó tiene todo el derecho a desconfiar.
Porque un superávit sin explicación no es transparencia.
Es solamente otra cifra.
Y después de todo lo que hemos escuchado, Curicó ya no necesita más cifras sueltas.
Necesita saber quién contó mal la historia y determinar cómo ocurre este milagro de un superávit aún existiendo una auditoría pendiente
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