La muerte de Mía, lactante de dos meses de edad, ocurrida el pasado lunes 5 de junio en el Hospital Claudio Vicuña de San Antonio debido a una grave neumonía por virus sincicial, marcó un punto de inflexión a una realidad que ya ha cobrado cuatro vidas de niños por enfermedades respiratorias en Chile, la cual claramente está inserta como una problemática que se agudiza en los meses de otoño e inverno.
Lo anterior dejó al descubierto la escasa anticipación de un sistema que se ha visto endeble desde el punto de vista estratégico para actuar en base a una emergencia, en este caso, respiratoria. Asimismo, vislumbró la lentitud en la actualización de disponibilidad en camas UCI para casos pediátricos en la Unidad de Gestión Centralizada de Camas (UGCC), dependiente de la División de Gestión de la Red Asistencial (Digera) de la Subsecretaria de Redes Asistenciales del ministerio de Salud (Minsal). Lamentablemente, es como si la pandemia de COVID-19 no nos hubiese dejado ninguna lección.
¿Pudo anticiparse esta situación? Lo cierto es que sí. Ya en el tramo correspondiente a la semana del 14 al 20 de mayo de 2023, los centros de testeos epidemiológicos llamados “centinelas” registraban en el país 12 mil 771 casos relacionados con enfermedades respiratorias, aumentando en un 52% de positividad en relación al 2022, donde se registraron 5 mil 980 atenciones (cifras Colmed Maule).
Si esto lo bajamos a la realidad maulina, esta creciente problemática no fue ajena.Es más, esa misma semana se había producido un incremento sustancial de Virus Sincicial Respiratorio (VSR) en ciudades como Talca y Linares, donde se detectaron 76 y 36 casos en el mismo período respectivamente, voz de alerta que no siguió las recomendaciones por parte del gremio colegiado.
También es justo decir que, desde el Servicio de Salud del Maule, se estuvo en conocimiento de esta situación, reconociendo un “sistema exigido, aunque no colapsado”, con una mayor demanda especifica en menores de cuatro años, mayormente por virus sincicial.
Cabe señalar que recién esta semana, desde el Servicio de Salud del Maule se informó del aumento y transformación de camas adaptadas a UCI pediátricas, con el objetivo de desahogar una atención hospitalaria que cada día tiene mayor demanda, dando cuenta de que el aumento de un 30% por enfermedades respiratorias, mientras que las consultas en los SAPU locales está por sobre el 50 por ciento en la región.
Ya en su edición del día 8 de junio, el Diario La Prensa de Curicó dio cuenta de que el 100% de las camas UCI pediátricas estaban ocupadas en el Maule, lo que obligatoriamente va a producir derivaciones a otros servicios hospitalarios del país. Desde la subdirección de la Unidad de Emergencia del Hospital de Curicó, se señaló que cada 20 horas un menor es trasladado a servicios hospitalarios a regiones como Ñuble, Metropolitana y O’Higgins.
Inevitablemente, esta emergencia está siendo comparada con los peores días de la pandemia por Covid-19, donde se debió modificar la red integral público-privada para evitar la escasez de camas para contagiados. Esta instancia integradora fue liderada por el doctor y ex subsecretario, Luis Castillo, quien sostuvo que la actual administración “carece de un plan de invierno óptimo y acorde a los requerimientos asistenciales de la propia población”.
Un aspecto que también sería bueno implantar, es el relacionado con la comunicación. Bien es sabido que, durante la pandemia, uno de los aspectos al que se dio mayor énfasis fue a los informes diarios televisados por parte de las autoridades. Fue algo catalogado como “un show” por ciertos sectores, pero que hoy se hace imprescindible, sobre todo para esclarecer el trabajo diario que se está realizando.
En la misma línea, preocupantes son las declaraciones del ex ministro de Salud en el gobierno de Sebastián Piñera, Jaime Mañalich, quien llegó a advertir a laadministración actual con un pronóstico poco alentador; “De cada 100 niños infectados por algún virus respiratorio, un 6% fallecen”, estimando que “seránalrededor de 120 las víctimas menores de seis meses quienes perderán la vida”. Una cifra altamente preocupante, que ha sido vista como alarmante.
Hoy, las acciones por parte del Gobierno, más que en torno a la inyección de recursos, parecen ir por el lado de la precaución. Tras la explosión mediática que generó el caso de la lactante en San Antonio (se conocería otro caso similar en Quilpué), el subsecretario de Redes Asistenciales pidió a las familias no exponer a menores de edad a espacios de riesgo de contagio, pero no se determinó un plan de acción como en otras oportunidades.
Asimismo, la utilización de mascarillas solo ha caído como una recomendación, salvo en los servicios médicos, pero falta una instancia obligatoria en espacios cerrados como la locomoción colectiva, así como también un plan por parte del ministerio de Educación en esta materia.
Venimos saliendo de una pandemia, pero al parecer no se ha aprendido la lección. Es de esperar que esta situación no empeore y que se intensifique el plan de vacunación, ejerciendo una presión mayor para que los grupos de riesgo se inoculen. Lo cierto es que vamos de mal en peor, en una oleada que hoy tiene al país en alerta y cuya experiencia al parecer no está surtiendo efecto. Quizás, quisimos volver muy pronto a la normalidad.
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