El pasado domingo 26 de abril entró en vigencia un nuevo hito en el mundo laboral chileno: la reducción de la jornada a 42 horas semanales. Esta medida forma parte de la ley que busca disminuir progresivamente la carga horaria a 40 horas, estableciendo una gradualidad que comenzó el 2024 bajando de 45 a 44 horas, continuó este 2026 con 42, y finalizará el 2028 alcanzando el objetivo final.
Sobre los alcances de esta nueva normativa, Ninoshka Fasce, psicóloga organizacional y académica de la Universidad Mayor, explicó las diversas formas en que se puede adecuar este nuevo horario a lo largo de la semana sin afectar la remuneración. "Estas 42 horas se pueden distribuir entre 4 a 6 días laborales", señaló Fasce. La profesional aclaró que esto "no significa necesariamente que tengan que trabajar menos días, la idea es que sean menos horas totales y esto puede ser restando algunos minutos diarios en varios días o ajustando uno o más días a la semana". "La idea es que en total durante la semana los empleados no trabajen más de 42 horas", enfatizó, recalcando que esto se debe aplicar "sin afectar ni la remuneración ni los tiempos de descanso".
La académica indicó que la adecuación de la jornada diaria deberá efectuarse de común acuerdo entre el empleador y el trabajador. Ante el escenario de no llegar a una negociación fructífera, Fasce fue categórica: "el empleador decide, pero tiene que estar documentado que se habló con los trabajadores y que la empresa de buena fe puso diferentes opciones". En esa misma línea, advirtió que "no se puede hacer de manera arbitraria, no se pueden cambiar las condiciones esenciales del contrato de manera arbitraria y es justamente esto lo que fiscaliza la Inspección del Trabajo". "Si es que no hay este diálogo, entonces acá sí hay un riesgo legal", puntualizó la experta.
Respecto a las condiciones que los trabajadores no pueden aceptar al implementarse esta ley, la psicóloga organizacional detalló que "no deberían de aceptar que haya una reducción de sueldo, por ejemplo, porque hay menos horas, que haya exceso de jornada o que no se respeten los descansos, ni que haya maltrato o acoso para que las personas acepten las condiciones si es que no están de acuerdo". Si esto ocurriese, recomendó tener primero "una conversación con el empleador, dejando respaldo de que ha existido esta conversación". De no lograr un acuerdo, aconsejó "activar los canales internos con recursos humanos, aplicar el protocolo de la Ley Karin y siempre reuniendo evidencia", siendo el último paso "hacer una denuncia en la Inspección del Trabajo".
Frente a la inquietud de los empleadores por la menor cantidad de horas disponibles, Fasce argumentó que "cuando uno trabaja menos horas tiene más probabilidades de tener un mayor bienestar, de tener menos conflicto trabajo-familia". Sin embargo, aclaró que para mantener o aumentar la productividad se requiere un "buen diseño". "Si hay menos horas, pero con el mismo diseño, lo que va a haber es más presión", advirtió. Citando casos internacionales como Islandia o países nórdicos donde se trabaja alrededor de 35 horas, Fasce concluyó que han logrado aumentar su productividad "con un cambio en la cultura de trabajo, haciéndolo más intensivo, es decir, las personas trabajan con más foco".
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