Fenómeno de “El Niño” eleva riesgo de lluvias intensas durante la floración de especies frutales

Este escenario favorecería la recuperación hídrica del centro sur, pero también podría generar problemas en la floración de frutales y berries, según experto.

21 de Agosto del 2026 · 14:45 Seguir en Google News
Fenómeno de “El Niño” eleva riesgo de lluvias intensas durante la floración de especies frutales
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Las intensas precipitaciones de julio se registraron en un contexto marcado por la influencia de El Niño, fenómeno cuya presencia mundial recién había sido confirmada un mes antes. Según explicó el investigador y experto en agroclimatología de INIA Quilamapu, Raúl Orrego, este fenómeno puede favorecer nuevos eventos de lluvias.

“En la zona central y en el centro sur de Chile, con presencia de Niño, la primavera suele ser más lluviosa”, señaló Orrego, quien advirtió que este escenario constituye una preocupación para el sector agrícola. “Si bien no implica necesariamente que se repitan inundaciones, sí aumenta el riesgo de lluvias intensas durante la floración, especialmente en árboles frutales y berries”, advirtió.

Todo sobre Fenómeno de El Niño

El especialista explicó que las precipitaciones primaverales asociadas a El Niño podrían alcanzar intensidades propias del invierno, vale decir, del orden de 5, 6 o 7 milímetros por hora, que “generarían daños en las plantas por el golpe directo que recibe la flor en época de floración, más que por el anegamiento”. Precisó que precipitaciones intensas en el periodo podrían retrasar labores que requieran suelos secos para ejecutarse, como la siembra de algunos cultivos o la fertilización nitrogenada.

El Niño corresponde a un aumento anómalo de la temperatura superficial del mar en la zona 3-4 del Pacífico, ubicada frente a las costas de Ecuador. Orrego detalló que entre 0,5 y 1 °C sobre lo normal corresponde a un Niño débil; entre 1 y 1,5 °C, moderado; entre 1,5 y 2 °C, fuerte; y sobre 2 °C, extremadamente fuerte. Sin embargo, el investigador de INIA Quilamapu aclaró que la categoría definitiva se determinará una vez completados los períodos de evaluación, ya que las mediciones consideran promedios trimestrales.

Indicó que, en julio, la temperatura del mar en la zona 3-4 estuvo 2,03 °C por encima de lo normal, por lo que, si esta condición perdura por los próximos 3 meses, ya alcanzaría la categoría de Niño extremadamente fuerte.

“Las últimas proyecciones apuntan a que para el trimestre octubre-noviembre-diciembre, el fenómeno podría superar los 2,7 °C por sobre lo normal (que fueron los alcanzados el año 2015), lo que lo dejaría como el evento más intenso registrado con mediciones directas”, indicó.

El especialista sostuvo que bajo las condiciones actuales existe la posibilidad de eventos tormentosos, con viento e incluso granizo, debido a la mayor inestabilidad atmosférica, lo que contrasta con una primavera normal donde las lluvias suelen ser esporádicas y breves.

Uno de los mecanismos que explica este escenario es el debilitamiento del anticiclón del Pacífico, sistema que normalmente frena el ingreso de los frentes de lluvia hacia el continente. Al encontrarse debilitado, los sistemas frontales pueden ingresar con mayor frecuencia. De la misma manera, el Niño favorece la ocurrencia de los llamados ríos atmosféricos que pueden aportar mayores volúmenes de precipitación.

A pesar de la amenaza en la floración de especies frutales, bajo una mirada más amplia, el escenario también presenta aspectos favorables. Orrego señaló que El Niño suele reducir la frecuencia de heladas y que las precipitaciones tardías podrían contribuir a mantener la disponibilidad de agua durante la temporada. Agregó que la nieve acumulada en la cordillera constituye una reserva importante, aunque existe el riesgo de que una isoterma elevada o las altas temperaturas estivales aceleren su derretimiento.

En términos hídricos, el investigador destacó que el centro sur ha experimentado una recuperación significativa. Hasta antes de julio, el déficit de precipitaciones alcanzaba aproximadamente un 40 %, mientras que actualmente la situación se encuentra dentro del rango normal. “Lo más probable es que este año termine normal, incluso quizás por sobre ello, como no pasaba hace muchos años”, indicó.

No obstante, el verano podría ser especialmente cálido. El especialista advirtió que la combinación de altas temperaturas y una mayor acumulación de biomasa producto de las lluvias puede incrementar el riesgo de incendios forestales, aunque la humedad presente podría moderar parcialmente ese efecto.

Orrego recordó que El Niño forma parte de la variabilidad climática natural y ha influido en los ciclos de precipitaciones de Chile. Mientras La Niña tiende a favorecer condiciones más secas, El Niño suele relacionarse con una mayor disponibilidad de agua. En este contexto, el actual escenario ofrece una oportunidad para recuperar reservas hídricas, pero exige al sector agrícola mantener vigilancia ante lluvias intensas, viento, granizo y altas temperaturas.

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