El uso de herramientas de inteligencia artificial para abordar emociones, resolver inquietudes personales o enfrentar situaciones complejas de salud mental se ha vuelto una práctica cada vez más frecuente entre los usuarios. La inmediatez, la disponibilidad y la facilidad de acceso han llevado a muchas personas a recurrir a plataformas como ChatGPT en busca de orientación o compañía emocional. Sin embargo, los especialistas son enfáticos en advertir que estas tecnologías presentan importantes limitaciones y de ninguna manera deben reemplazar la atención de un profesional clínico.
Según explica Juan David Millán, docente de la carrera de psicología, uno de los factores que impulsa este fenómeno es la dificultad que enfrenta gran parte de la población para acceder de forma oportuna a los servicios de salud mental. "Los tiempos de espera para acceder a atención psicológica y psiquiátrica suelen ser extensos. Además, una parte importante de las personas debe financiar estos tratamientos con recursos propios, por lo que herramientas gratuitas o de bajo costo se transforman en una alternativa inmediata y accesible", detalla el académico, agregando que el financiamiento estatal en esta área sigue siendo insuficiente si se compara con las recomendaciones internacionales.
Todo sobre Inteligencia Artificial
A pesar de que investigaciones recientes han identificado beneficios iniciales, como un estudio publicado en 2024 por la revista científica NPJ Mental Health Research que concluyó que muchos usuarios perciben estos sistemas como un "santuario emocional", los expertos señalan que el alcance de la tecnología es superficial. Millán reconoce que, en el corto plazo, los usuarios sienten que la inteligencia artificial los escucha sin juzgarlos, generando una contención que ayuda ante momentos de estrés, ansiedad o soledad. No obstante, el especialista aclara que la situación cambia cuando se trata de problemáticas más profundas. "Con el tiempo, las personas comienzan a percibir que las respuestas son muy genéricas o insuficientes para comprender situaciones complejas. Además, estos sistemas tienden a validar lo que el usuario plantea y tienen dificultades para cuestionar creencias o mostrar contradicciones, algo que sí forma parte del trabajo clínico de un psicólogo", señala el experto.
Este punto es respaldado por una investigación publicada en 2026 en la revista Nature Mental Health, la cual alertó sobre el riesgo de que la inteligencia artificial refuerce sesgos de confirmación o valide interpretaciones erróneas de la realidad, especialmente en personas emocionalmente vulnerables. Sobre esta amenaza, el docente de la Universidad Santo Tomás advierte que "existe el riesgo de que la persona reciba constantemente respuestas que refuercen su propia visión de las cosas, sin incorporar perspectivas alternativas o cuestionamientos necesarios para el crecimiento personal".
Respecto al apoyo frente a cuadros clínicos específicos como la ansiedad o la depresión, la evidencia científica demuestra que las plataformas basadas en lenguaje natural solo logran resultados moderados y asociados a estrategias cognitivo-conductuales. Al respecto, el profesional reconoce que la inteligencia artificial puede sugerir formas alternativas de interpretar un problema, pero es categórico en sus límites. "Sin embargo, cada persona tiene una historia, características y necesidades distintas, por lo que estas herramientas no pueden reemplazar una intervención profesional personalizada", afirma Millán, recalcando además que ante señales de riesgo, como la ideación suicida, los chatbots no tienen la competencia clínica para intervenir y solo derivan a líneas de ayuda.
Finalmente, el llamado del mundo académico es a entender y utilizar estas nuevas tecnologías de forma informada y exclusivamente como un complemento a la terapia humana. "La recomendación es informarse sobre sus alcances y limitaciones. Puede ser útil para obtener orientación inicial, organizar ideas, disminuir la sensación de soledad o manejar situaciones puntuales de estrés, pero nunca reemplazará la evaluación clínica, el acompañamiento terapéutico y el vínculo humano que se construye con un profesional de la salud mental", concluye el académico.