Uno de los temas más recurrentes en nuestra prensa nacional y local lo constituye la proliferación de denuncias por delitos de diversas especies.
¿Es que ahora hay más delitos que antes? No lo sé, no tengo las estadísticas, sin embargo, no hay que perder de vista que ya cuando en el mundo sólo había cuatro personas, dos padres y dos hijos, se cometió el primer delito conocido cuando Caín mata a Abel.
Queda claro que toda sociedad tiene que aprender a vivir con quienes no están dispuestos a acatar normas.
Se podrá disminuir los delitos, pero no eliminar. Está en la naturaleza del ser humano trasgredir las reglas, por ello es que se hace necesaria la educación, a fin de convencer a nuestros niños que para una convivencia pacífica se debe respetar el derecho de los demás.
Frente a un crimen que conmueve a una sociedad, la primera idea que se viene a la mente es que hay que endurecer las penas.
¿Es esta la solución? Para uno sí, para otros no.
Para el vulgo, en general ello correspondería a la decisión correcta, sin embargo, en el mundo académico mayoritariamente se piensa que esa no es la solución.
¿Cree usted que un ladrón de bancos primero piensa qué pena le van a aplicar si lo pillan? Ciertamente no, va a pensar si existe la posibilidad que no lo pillen.
La doctrina ha sostenido que ese sujeto va a analizar qué posibilidades tiene de salir airoso del robo, que le resulte y obtenga el botín. Incluso, el riesgo que se decide asumir va a depender de la retribución que le reporte ese robo. Un ladrón inteligente no va a asumir un riesgo alto si lo obtenido es de poca monta. Sin embargo, si el botín es cuantioso está dispuesto a asumir un riesgo mayor.
En su pensamiento la pena en sí mismo no está entre sus prioridades.
El delincuente por regla general lo que piensa es si tiene opciones que no lo atrapen. No conozco ningún delincuente que cometa un delito sabiendo que lo van a descubrir, salvo que su estrategia, por las razones que sea, es que lo descubran (como por ejemplo que quiera estar en la cárcel por un delito menor).
Conozco un caso de estos. Hace unos años había una pareja de homosexuales en que uno de ellos tenía una condena por crimen y tenía que cumplir muchos años de condena. Su pareja, que estaba en libertad, de cuando en cuando hurtaba un chocolate en algún supermercado con la intención que lo descubrieran, luego lo pasaban a control de detención, y pactaba su pena con el fiscal, generalmente pena diez días y solicitaba ingresar a cumplir inmediatamente. Transcurrido los días preso, salía y luego de un tiempo repetía la maniobra, para estar con su amor.
Pero bueno, esto no es lo habitual. Sigo con el tema.
Para combatir el delito hay que entrenar a nuestra policías, a nuestros fiscales, hay que educar a nuestra población para evitar ser víctima de un delito, en la medida de lo posible como dijo un ex Presidente de la República y también para que asuma, junto con las autoridades, junto con el gobierno, que frente a un delito su obligación como ciudadano es colaborar con la acción de la justicia.
Si no contamos con la colaboración de la población, la posibilidad de éxito contra el crimen es remota, por no decir imposible.
Hay poblaciones en donde la autoridad es el jefe de los delincuentes, en donde la policía no puede ingresar, en donde por las razones que sea no sólo no denuncian los delitos sino que los amparan. Esos focos la autoridad legítima tiene la obligación de volverla a la normalidad.
Para terminar, el éxito en el combate contra la delincuencia está en la prevención, la investigación y la colaboración con la autoridad.
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