A 50 años del atentado terrorista en Washington: El asesinato de Orlando Letelier

A cinco décadas del brutal asesinato del ex canciller chileno en Estados Unidos, se rememora la planificación y ejecución de este crimen perpetrado por la DINA, destacando las complejas operaciones y los intentos fallidos previos.

21 SEP 2026 - 15:40
A 50 años del atentado terrorista en Washington: El asesinato de Orlando Letelier
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El 21 de septiembre de 1976, la tranquilidad de Washington D.C. se vio rota por un acto de terrorismo. En pleno Sheridan Circle, una zona emblemática de las embajadas, una bomba explotó en el vehículo que conducía Orlando Letelier, ex canciller chileno, quien se dirigía a su oficina junto a su secretaria Ronnie Moffit y su esposo Michael. Letelier falleció instantáneamente, y su secretaria murió minutos después. Este trágico suceso, perpetrado por la DINA, se conmemora a 50 años de su ocurrencia.

Orlando Letelier del Solar, a menos de 24 horas de su muerte, se sentía seguro. A pesar de ser consciente de los intentos de la dictadura de Augusto Pinochet por difamar su imagen, no anticipaba que los organismos represivos chilenos, en particular la DINA, se atreverían a cruzar fronteras para asesinarlo.

Todo sobre Atentado terrorista

La operación, orquestada por la Dirección Nacional de Inteligencia del gobierno militar, fue meticulosamente planeada. Representó la tercera y última misión de la DINA en el extranjero para eliminar a líderes opositores en el exilio, considerados una amenaza por sus convicciones democráticas.

El modus operandi de utilizar artefactos explosivos bajo vehículos ya había sido empleado por la DINA. En septiembre de 1974, agentes estatales, bajo la dirección del coronel Manuel Contreras Sepúlveda, colocaron una bomba en el auto de los Prats-Cuthbert en Buenos Aires, resultando en la muerte del ex comandante en jefe del Ejército chileno, general Carlos Prats, y su esposa Sofía Cuthbert.

Posteriormente, en octubre de 1975, agentes de la DINA viajaron a Roma, Italia, con apoyo de terroristas locales, para atentar contra la vida del ex vicepresidente de la República, Bernardo Leighton, y su esposa Anita Fresno. Ambos sufrieron graves heridas de bala, aunque sobrevivieron, nunca se recuperaron completamente.

A pesar de estos antecedentes, Orlando Letelier subestimó su seguridad. La noche anterior a su muerte, compartió una cena con su esposa, Isabel Morel, y el matrimonio Moffit, reflexionando que la facción moderada del gobierno militar había ganado influencia, lo que le hacía sentir seguro.

La investigación periodística realizada por el diario La Nación en 1994, liderada por Alejandra Matus y Francisco Artaza, reveló detalles del horror vivido en Washington D.C. el día del atentado. El explosivo destrozó el vehículo, esparció escombros y causó daños en los edificios diplomáticos circundantes, generando una noticia de alcance mundial.

La operación de la DINA, aunque exitosa, estuvo cerca de fracasar. Dos meses antes, en Asunción, Paraguay, una misión para obtener pasaportes oficiales falsos y asesinar a Letelier fue abortada. El coronel Manuel Contreras se mostró furioso ante los problemas de seguridad que enfrentaron los agentes Michael Townley y Armando Fernández Larios.

El teniente coronel Pedro Espinoza informó a Contreras sobre las dificultades, aconsejando suspender la fase de viaje a Estados Unidos. Contreras, molesto por los problemas para falsificar pasaportes, finalmente accedió a traer de regreso a los agentes, a pesar de sus planes iniciales.

Fernández Larios, un joven oficial con experiencia en el asalto a La Moneda y la “Caravana de la Muerte”, se presentó ante Espinoza tras su regreso de Paraguay. Entregó los pasaportes paraguayos y visas para Estados Unidos, omitiendo detalles de su estancia en Asunción.

Espinoza guardó los documentos hasta que Contreras los solicitó. La inteligencia paraguaya, presionada por el embajador de Estados Unidos, George Landau, exigió la devolución de los pasaportes. Antes de enviarlos, Contreras destruyó las fotos de Townley y Fernández.

Sin embargo, Contreras persistió en su objetivo de eliminar a Orlando Letelier. Se diseñó un nuevo plan, utilizando pasaportes oficiales chilenos con los mismos nombres falsos: Wilson Rose y Romeral Jara. Esta operación de encubrimiento buscaba desviar cualquier posible investigación que surgiera de los pasaportes paraguayos.

Para esta misión, Contreras designó a los tenientes Rolando Mosqueira Jarpa y René Riveros Valderrama, quienes se desempeñaban en unidades administrativas de la DINA. Su tarea era viajar a Estados Unidos para contactar al general Vernon Walters, subdirector de la CIA, quien les entregaría una lista de personalidades estadounidenses favorables al gobierno militar.

Los jóvenes oficiales viajaron a Estados Unidos el 21 de agosto de 1976. A pesar de las irregularidades en sus documentos, lograron pasar el control. En el avión, repasaron las instrucciones de Espinoza: obtener la lista sin entrevistar a nadie.

Al llegar a Washington, se encontraron con la dificultad de contactar al general Walters. Visitaron la embajada de Chile, donde el general Nilo Floody les informó que Walters había renunciado a la CIA hacía dos meses y no sabía cómo ubicarlo. Floody, intrigado por la misión, ofreció su cooperación.

Mosqueira y Riveros pasaron varios días en Washington sin realizar intentos serios por encontrar a Walters, considerando cumplida la misión de encubrimiento para la DINA.

Satisfecho, Contreras ordenó el envío de otros dos agentes a Estados Unidos: el teniente Armando Fernández Larios y la agente Liliana Walker. El plan definitivo para asesinar a Orlando Letelier estaba en marcha.

A mediados de agosto de 1976, la DINA se preparaba para ejecutar su objetivo. Fernández Larios recibió instrucciones detalladas de Espinoza para vigilar los movimientos de Orlando Letelier, su domicilio y su oficina, manteniendo la apariencia de un viaje de vacaciones.

Fernández Larios debía contactar a la agente femenina que lo acompañaría, elegida entre el equipo de agentes femeninas de la DINA. La seleccionada fue la agente Luisa Mónica Lagos, propuesta por Pedro Espinoza y aprobada por Manuel Contreras.

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