Alarma nutricional: Niños de 2 años consumen energéticas y la obesidad infantil se normaliza en Chile

Un estudio revela que la mayoría de los cuidadores cree que sus hijos tienen un peso normal, ignorando la realidad clínica. Además, se detectó un preocupante consumo de bebidas energéticas desde temprana edad y el impacto de la crisis económica en las dietas.

09 de Junio del 2026 · 20:30
Alarma nutricional: Niños de 2 años consumen energéticas y la obesidad infantil se normaliza en Chile
Archivo
Añadir VLN Radio en Google Agrega VLN a tus medios preferidos en Google

El V Observatorio Nutricional Nestlé – U. Finis Terrae 2026, realizado en colaboración con Ipsos, ha puesto de manifiesto conclusiones alarmantes sobre cómo las familias chilenas abordan la alimentación de los más pequeños. La investigación, que encuestó a 600 cuidadores de niños y adolescentes de entre 2 y 15 años a lo largo del país, dibuja un panorama complejo marcado por la aceptación del sobrepeso, un inquietante uso de estimulantes y las repercusiones directas de la situación económica en la calidad de las comidas.

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es la considerable diferencia de 42 puntos porcentuales entre la percepción de los padres y los datos clínicos. Mientras que un 85% de los cuidadores considera que sus hijos están en un peso "normal", las cifras oficiales de la JUNAEB indican que solo un 43% de los escolares se encuentra en ese rango, y un 51% presenta sobrepeso u obesidad.

Edson Bustos, académico e investigador de la Escuela de Nutrición de la Universidad Finis Terrae, explicó en Tu Nuevo ADN que esta invisibilización del problema se debe a una adaptación al entorno. "Parece que ya la normalidad se nos desfasó un poquito (...) se nos engordaron los ojos", advirtió el profesional, señalando cómo la costumbre ha distorsionado la percepción de un peso saludable.

Esta normalización del exceso de peso tiene consecuencias psicológicas significativas, especialmente a medida que los niños crecen. Un 24% de los cuidadores de adolescentes (entre 13 y 15 años) reporta que el peso ha afectado negativamente la salud mental de sus hijos. Las niñas, en particular, son más susceptibles a comparaciones, vergüenza corporal y presiones estéticas.

El factor económico se erige como un obstáculo considerable. Un 62% de los encuestados teme que la alimentación saludable de sus hijos se vea comprometida si los precios continúan al alza. Ante la escasez de tiempo y recursos, el 24% de los cuidadores admite recurrir a la comida como método de recompensa, fortaleciendo un vínculo emocional con alimentos que no siempre son nutritivos.

La investigación también ha encendido las alarmas médicas respecto al consumo de bebidas energéticas en la primera infancia. Según los propios padres, un 3% de los niños de 2 a 5 años ya consume estos productos, cifra que se eleva al 12% en la adolescencia. Bustos destacó la falta de conocimiento sobre los riesgos cardiovasculares, ya que cerca de la mitad de los padres encuestados considera estas bebidas "algo saludable" por su asociación publicitaria con el deporte. Adicionalmente, el sondeo reveló que un 37% de los menores consume medicamentos, principalmente para la concentración y para inducir el sueño (melatonina).

A esto se suma la omnipresente exposición a dispositivos electrónicos, con un promedio de 3 horas diarias frente a las pantallas. El académico de la U. Finis Terrae alertó que comer mientras se usa el celular lleva a los niños a alimentarse en un "modo automático", ignorando las señales de saciedad, lo que fomenta la hiperfagia y el sobrepeso.

Ante la obesidad, calificada como una epidemia en el país, Bustos enfatizó la urgencia de implementar políticas públicas estatales sostenibles a largo plazo (20 a 30 años) y que trasciendan los ciclos de gobierno. Considera que los establecimientos educacionales son el escenario ideal para revertir esta crisis. Actualmente, más de la mitad de los apoderados (53%) afirma no tener ninguna guía sobre colaciones en el colegio de sus hijos, lo que subraya la necesidad de una intervención directa en el sistema escolar para instaurar hábitos saludables duraderos.

Lo último