Contra la narrativa

14 de Mayo del 2026 · 01:14

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de VLN Radio.

Contra la narrativa
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En la actualidad, no solo se disputan territorios o ideologías, sino que también de manera silenciosa, se disputa la forma en como pensamos. La narrativa dominante, inundada de discursos preestablecidos, ya sea políticos, sociales o tecnológicos, no buscan únicamente convencernos de ciertas ideas, sino moldear la estructura misma de nuestro pensamiento. Lo anterior, bajo la promesa de la productividad y la optimización. De esta forma, se instala un modelo que tiende a la automatización de nuestras ideas, pensar rápido, responder mejor, producir en serie.

¿No les ha pasado que al pedirle a una inteligencia artificial que escriba un poema, el resultado suena siempre igual, como un eco de todo lo que ya se ha dicho? La inteligencia artificial aparece como la culminación de esta narrativa. No es solo una herramienta, es la solidificación de una lógica que se funde en la de reducir la complejidad humana a patrones predecibles. Se nos invita, casi sin advertirlo, a pensar como algoritmos. En este escenario, la creatividad corre el riesgo de transformarse en una repetición sofisticada de lo ya existente.

Sin embargo, hay algo que resiste. Algo que no puede ser completamente capturado ni replicado: la imaginación.

La imaginación incomoda porque no responde a la lógica de la eficiencia. Mientras la inteligencia artificial aprende de lo que ya ha sido dicho, la imaginación humana tiene la capacidad de decir lo que aún no existe. Podríamos pensarla como una suerte de “materia oscura” del pensamiento. Invisible, difícil de medir, pero fundamental. La imaginación se asemeja a lo cuántico, su comportamiento desafía las certezas, rompe la linealidad abriendo múltiples posibilidades donde antes parecía haber una sola respuesta. Y es aquí donde la educación adquiere un papel intrínseco.

La imaginación no surge espontáneamente ni se desarrolla en el vacío. Requiere ser estimulada y cultivada. En este sentido, la educación y especialmente los profesores de Lengua y Literatura cumplen una función fundamental. No basta con enseñar contenidos, es necesario que exista una relación viva con la literatura, una pasión auténtica por las palabras, por las historias y por las múltiples formas de interpretar el mundo. Cuando se trenzan con la literatura, se transmite mucho más que información. Se viraliza una forma de pensar.

En ese proceso, se desarrollan habilidades fundamentales. La lectoescritura deja de ser una práctica mecánica y se transforma en un acto creativo; la oratoria deja de ser repetición y se convierte en expresión propia; el pensamiento deja de ser lineal y comienza a explorar caminos inesperados.

La narrativa dominante intenta domesticar esta fuerza imaginativa. Pero cuando la educación logra resguardarla, se transforma en una herramienta de resistencia real. Lo verdaderamente valioso será aquello que no puede programarse, como la capacidad de crear sentido, de articular una voz propia o de proponer lo inexistente.

Porque en una sociedad invadida por la inteligencia artificial, la verdadera ventaja no estará en parecerse al resto, sino en diferenciarse del otro. No se trata de automatizar todo, sino de ser autodeterminantes. Aprender a imaginar se vuelve un acto radical y de rebeldía.

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