La integración al mercado laboral se ha consolidado como uno de los principales desafíos estratégicos para el segmento senior en el país. En la Región del Maule, este escenario presenta una compleja paradoja: si bien las personas mayores de 50 años registran una tasa de desocupación de apenas un 4,4%, una cifra inferior al promedio nacional del 5,6%, la calidad y los tiempos para acceder a un empleo revelan una realidad mucho más precaria.
De acuerdo con el último informe elaborado por el Programa de Conocimiento e Investigación en Personas Mayores (CIPEM), perteneciente a Caja Los Héroes y la Universidad del Desarrollo, los trabajadores senior maulinos demoran en promedio 13,7 meses en encontrar una ocupación. A esta extensa espera se suma el factor de la vulnerabilidad laboral, dado que la informalidad en este grupo etario alcanza un preocupante 41,9% a nivel regional, situándose muy por encima del 34% del promedio país.
Esta situación local se enmarca en un fenómeno estructural que afecta a todo el territorio nacional, donde la empleabilidad suele disminuir drásticamente con la edad. A nivel país, el segmento de mayores de 50 años es el que presenta la menor tasa de desempleo, pero paradójicamente es el que enfrenta las mayores dificultades al quedar cesante. Mientras un joven de entre 18 y 29 años tarda un promedio de 4,5 meses en reubicarse laboralmente, la espera para el segmento senior se extiende hasta los 10 meses.
La brecha de reinserción es aún más crítica en regiones extremas y en el Maule. Actualmente, las zonas donde la búsqueda de empleo supera largamente el año son Magallanes con 15,8 meses, Atacama con 14 meses y la Región del Maule con 13,7 meses. En cuanto a la calidad del empleo, el Maule también se posiciona entre las zonas con mayor informalidad, siendo superada únicamente por La Araucanía. En contraste, Antofagasta y Magallanes destacan por mantener altas tasas de formalidad laboral, superando el 70%.
Frente a estos indicadores, el investigador de CIPEM, Mauricio Apablaza, enfatizó la necesidad de tomar medidas para revertir esta tendencia. “Los datos nos muestran que es imperativo avanzar en políticas públicas y estrategias que promuevan la competitividad y empleabilidad de las personas mayores. En un escenario de envejecimiento acelerado no podemos permitir que el talento senior quede excluido o demore casi un año en reinsertarse. Necesitamos mecanismos que valoren y expandan sus capacidades promoviendo su participación en la economía”, sentenció el especialista.