Una jornada de recogimiento y memoria se vive este martes en la comuna de Molina, al cumplirse exactamente nueve años de la muerte de Irene García de Prado. La destacada religiosa, quien falleció el 17 de febrero de 2017 a los 89 años, es recordada como una figura fundamental en la ayuda social y sanitaria de la zona.
Nacida en León, España, el 05 de noviembre de 1927, la Madre Irene llegó a Chile en 1970 con la firme convicción de servir a los más pobres. Tras una primera etapa en Talca, se estableció en Molina, donde en 1978 fundó la Congregación de las Hermanas del Buen Samaritano bajo el alero del entonces obispo Carlos González Cruchaga. Su misión fue clara y radical: acoger a aquellos enfermos terminales y ancianos abandonados que, muchas veces, no tenían cabida en los hospitales tradicionales.
Su obra material más visible es la Casa de Acogida y el policlínico en Molina, recintos que hasta el día de hoy entregan cuidados paliativos, medicinas y dignidad a cientos de personas de escasos recursos. Esta dedicación absoluta le valió ser llamada cariñosamente por la comunidad como la "Madre Teresa chilena", reconocimiento que se vio reflejado en su multitudinaria despedida hace casi una década, donde vecinos y autoridades se volcaron a las calles para darle el último adiós.
Hoy, su legado continúa vivo a través de las religiosas que mantienen operativa la congregación, enfrentando el desafío de sostener una obra de caridad que sigue siendo vital para los enfermos más vulnerables de la región. En este noveno aniversario, la comunidad maulina vuelve a valorar la figura de una mujer que hizo de la parábola del Buen Samaritano su propia vida.