“La Paila” de Curicó, eco del deber: Un Viaje Histórico por las sirenas de Bomberos
Símbolo de servicio y urgencia, el icónico elemento ha evolucionado desde avisos manuales hasta alertas digitales, aunque aún resuena por tradición. La sirena de Curicó, actualmente en mantención y silenciada por una deuda eléctrica, pronto volverá a sonar.
La sirena de bomberos, más que un simple dispositivo de alerta, es un sonido que ha resonado a través de la historia de Chile, encarnando el espíritu de servicio y la urgencia del deber voluntario. Es un llamado que ha movilizado a generaciones de hombres y mujeres, y ha marcado la vida de las comunidades. Su estridencia, a menudo percibida como una interrupción en la cotidianidad, es en realidad el pulso sonoro de una institución fundamental en la seguridad del país.
La organización formal de los cuerpos de bomberos en Chile surge como una respuesta directa a devastadores incendios que asolaron las ciudades en el siglo XIX. Antes de su existencia, la coordinación para combatir el fuego era precaria, lo que hacía imperativa la creación de sistemas de alerta eficaces.
Un ejemplo de esta necesidad se manifestó en Valparaíso en 1850, cuando un gran incendio destruyó por completo la Calle del Cabo. Este evento crítico impulsó la publicación en el periódico El Mercurio de Valparaíso de la "necesidad de organizar de antemano el trabajo de los incendios".
Este llamado encontró eco y llevó a la fundación del primer Cuerpo de Bomberos de Chile el 30 de junio de 1851. De manera similar, en Santiago, el Cuerpo de Bomberos se fundó el 20 de diciembre de 1863, también en respuesta a la creciente amenaza de siniestros urbanos.
Estos episodios catastróficos actuaron como un catalizador institucional, forzando a las comunidades a transitar de respuestas informales y descoordinadas, como las proporcionadas por los serenos o los esfuerzos generales de la población, hacia servicios de emergencia formalizados, voluntarios y estructurados.
La urgencia de organizar el trabajo con antelación implicaba que los sistemas de alerta existentes eran insuficientes, generando una demanda imperiosa de mecanismos de aviso eficaces.
Campana de Emergencias de 1894 - Bomberos Curicó.
La historia de las sirenas es, en esencia, la historia de cómo los bomberos chilenos han buscado, a lo largo del tiempo, la forma más eficiente y rápida de comunicar la emergencia y convocar a sus voluntarios.
Antes de 1851, previo a la creación de los primeros Cuerpos de Bomberos, el principal método de control de incendios eran los serenos y los guardias y policías municipales. Los "serenos", figuras nocturnas que rondaban cuadrantes asignados velando por la seguridad de las ciudades, eran los primeros en dar aviso de un incendio, además de otras funciones como buscar médicos para atender a los enfermos o sacerdotes para entregar la extrema unción. Su voz y su ronda eran, en muchos casos, el primer indicio de una emergencia.
Para avisar de una emergencia, se tocaban las campanas de las iglesias. Recordando que estamos hablando de 1800 donde las ciudades eran pequeñas y sin el ruido actual, por lo tanto con su sonido penetrante y su alcance considerable, eran a menudo el único medio para alertar a la población y convocar ayuda en caso de siniestro.
El toque a rebato de una campana eclesiástica, como las de la Iglesia de la Compañía de Jesús en Santiago, se convertía en un lamento colectivo que movilizaba a los vecinos a la acción, aunque de manera desorganizada.
El nacimiento de los Cuerpos de Bomberos en Valparaíso y Santiago marcó un punto de inflexión en la gestión de emergencias y ya con los Cuerpos de Bomberos más organizados en muchas ciudades, incluyendo Curicó, se comenzó a necesitar algo que permitiera convocar a los voluntarios a las emergencias, entonces. Se siguieron usando las Campanas eclesiásticas, pero se sumaron también estos elementos en los mismos cuarteles o incluso en las plazas céntricas, donde un voluntario asignado subía por una escala a un poste y hacía sonar con fuerza la campana.
El primer comunicador fue la campana denominada “La Paila”, instalada en la torre del Cuartel General de Santiago. Su tañido lúgubre acompañado de un farol rojo encendido en lo alto de la torre señalaba la alarma a la ciudad.
De esta campana vino el nombre coloquial de paila (al parecer por su diseño) para designar la sirena del cuartel, y de allí deriva el término pailazo para referir los llamados de bomberos ante fuego. Este sistema –tañidos y faroles– fue protagonista en tragedias como el incendio de 1869 en Valparaíso, cuando “tañía lúgubremente la campana… y un solo farol rojo izado… comunicaba… que el fuego había aparecido”.
En Valparaíso, el Directorio General acordó en 1851 colocar campanas en diferentes puntos de la ciudad y que los oficiales de las Compañías instalaran estrellas de bronce en las puertas de sus casas para que los serenos pudieran dar aviso directamente a los voluntarios.
Bomberos Curicó
Esta decisión marcó un paso crucial: la evolución de la alerta, de una dispersión y generalidad inicial a una progresiva centralización y estandarización. "Colocar campanas en puntos específicos y marcar las casas de los voluntarios fue también una práctica que se utilizó en otros Cuerpos de Bomberos", como en Curicó según explica Samuel Cáceres Becerra, Inspector de Material Mayor de Bomberos Curicó.
El tiempo perdió entre sus páginas las Estrellas que se colocaban en las puertas de las casas de los Voluntarios, “En sus inicios, el cuerpo fue fundado en 1888 y el sistema de alerta o alarma era que se optó por orden del día que en cada puerta o en el domicilio de los voluntarios colocaran una estrella y así los guardianes de seguridad se dirigían a la casa de los voluntarios a avisar que había un incendio. Lamentablemente no hemos podido recuperar ninguna. Tenemos referencia de otras instituciones hermanas si, pero acá solo sabemos de esas “estrellas identificatorias” por los textos de servicio diario o del Directorio de esos años donde se ordenó instaurar esa medida en Curicó” dice Cáceres.
Lo que si se mantiene es la Campana original. “En 1894 se mandó a construir una campana a la Fundición Corbeaux y Compañía o Fundición Yungay en Santiago la cual operó hasta 1931, que se instaló la primera sirena eléctrica. Hoy la Campana está en el Patio Central de Formaciones y solo se toca en contadas ocasiones, principalmente su tañir hace referencia cuando fallece un voluntario y se inicia el cortejo fúnebre hacia el cementerio”.
Otra icónica campana es la del Cuerpo de Bomberos de Santiago. Fue vendida, casi donada en 1865 por don Enrique Meiggs ingeniero conocido por sus obras de infraestructura, utilizaba esta gran campana en sus proyectos de construcción del ferrocarril Santiago-Valparaíso para convocar a sus obreros a las faenas. Estimando que sería de mayor utilidad para la institución bomberil que en sus trabajos ferroviarios, la cedió al Cuerpo por un valor de 1.500 pesos.
Para ubicar la campana, se erigió una torre instalada y puesta en servicio en el Cuartel General de Santiago el 1 de julio de 1867. Su sonido potente y característico alertaba a las compañías de la época sobre cualquier emergencia.
La tradición de tocar campanas como medio de alerta se extendió a otros Cuerpos de Bomberos que se fueron creando a lo largo del país. Con el tiempo, estas campanas fueron complementadas y, en algunos casos, reemplazadas por las primeras sirenas mecánicas de manivela. Aunque no se especifica una fecha exacta para su introducción masiva en Chile, estas sirenas, operadas manualmente, generaban un sonido potente al forzar el aire a través de ventanas internas mediante un ventilador.
Con el avance tecnológico y la creciente urbanización, las sirenas de manivela comenzaron a ser superadas por modelos eléctricos motorizados. Estas nuevas sirenas, más potentes y de mayor alcance, operaban con un motor que impulsaba un ventilador, forzando el aire a través de aberturas internas para generar un sonido de alta intensidad.
Curicó no quedó ajeno a esa modernidad según explica Cáceres “la primera sirena eléctrica se instaló en el Cuartel General de Bomberos Curicó en el año 1931, bajo la superintendencia de don Francisco Vélez”.
Dispositivo de arranque eléctrico de sirena de 1931.
Estas sirenas, como la de Curicó, tenían un alcance de hasta 2.5 kilómetros a favor del viento y con una frecuencia de 520 Hz, ideal para alertar eficazmente en situaciones de emergencia. Su adopción representó una mejora sustancial en la capacidad de alerta masiva.
Un aspecto relevante a considerar es el legado de la Segunda Guerra Mundial y su influencia en las sirenas de bomberos chilenas. Durante el conflicto, las sirenas antiaéreas se popularizaron como dispositivos de gran tamaño y potencia, diseñados para alertar a poblaciones enteras sobre posibles ataques militares o la necesidad de buscar refugio.
Algunas de estas sirenas, como las Chrysler, eran capaces de generar hasta 138 decibeles y su sonido podía escucharse en un diámetro de 40 kilómetros, una potencia sonora impresionante.
Aunque la evidencia directa en los registros disponibles no confirma que Chile haya reutilizado específicamente excedentes militares de sirenas antiaéreas para sus cuerpos de bomberos después de la Segunda Guerra Mundial, de manera masiva y oficial, si hay casos que están documentados. Por ejemplo, la sirena colocada sobre el Teatro Portales de Quillota fue traída desde Berlín y fue “fabricada para alertar a las personas de los ataques aéreos”. De modo similar, el Cuerpo de Bomberos de Ñuñoa cuenta con una gran paila adquirida en Hamburgo después de la guerra, ya que había prestado “servicios en la Segunda Guerra Mundial como sirena de alarmas de ataques aéreos”. Estas sirenas europeas (en ocasiones con placas que indican ciudades de origen) formaron parte del patrimonio bomberil de la posguerra, alertando inicialmente amenazas externas. Con los años perdieron esa función antiaérea, pero en varios cuarteles siguen como reliquias históricas.
La evolución de las sirenas continuó con la aparición de los modelos electrónicos, que ofrecían una mayor versatilidad en los tonos y patrones de sonido en comparación con sus predecesoras mecánicas.
La verdadera revolución en las comunicaciones bomberiles, sin embargo, no provino de la sirena misma, sino de la introducción de tecnologías que permitieron una comunicación más directa y bidireccional con los voluntarios a través de las centrales de comunicaciones y los dispositivos personales o individuales como beepers o radios portátiles.
Los beepers introducidos con éxito en el mundo en 1956 y dirigidos inicialmente a profesionales de emergencia como médicos y policías, jugaron un papel crucial en los años 80 para la transmisión de mensajes urgentes a los voluntarios de los Cuerpos de Bomberos que tenían los recursos para adquirir el sistema. Estos dispositivos permitían una alerta más discreta y personal, movilizando a los bomberos sin la necesidad de una alarma sonora masiva.
“En el año 1980 se desarrolló un proyecto de comunicaciones que fue el primero para la institución en donde cada móvil o carro tenía un equipo de comunicación en VHF y existían... Portátiles, dos o tres por compañía. Funcionó de esa forma, y sigue hoy día, obviamente, con las comunicaciones digitales, pero también hace ya cinco años se implementó en la institución un sistema de comunicación prácticamente al teléfono, que usamos cada uno, donde llega una notificación del clasificador. Indicando el tipo de llamado, las unidades que se mueven y la dirección. Incluso tenemos mapas de grifo donde nos indica ubicación y diámetro de la red también. Información importante para nosotros” dice el Inspector de Material Mayor de Curicó.
Más recientemente, las aplicaciones móviles han transformado radicalmente la alerta y el despacho. Estas aplicaciones permiten que al bombero le suene una alerta directamente en su celular. De esta forma, la central puede saber con cuántas personas se cuenta para el siniestro en tiempo real, la cercanía con los grifos, el tránsito y otros detalles que son cruciales para mantener el control de las emergencias como lo explica Cáceres en Curicó “Complementado a eso, nuestra central tiene un sistema de gestión de despacho donde puede sugerir, de acuerdo al tipo de llamado, las unidades que se pueden acercar hacer al punto de la emergencia. De acuerdo al tipo de llamado, si es estructural, si es pastizal, si es una emanación de gases, de acuerdo a la especialidad, se va a enviar el recurso que corresponde. La idea es mejorar el tiempo de respuesta y siempre, siempre se va a enviar la máquina o la unidad más cercana al punto”.
La evolución tecnológica ha llevado a un paulatino desuso de las sirenas como principal método de alerta interna para los voluntarios. La tecnología ha puesto fin al toque de sirena como el medio primordial para convocar a los bomberos.
Sin embargo, la sirena no ha desaparecido por completo. Aún se utiliza en varias localidades a lo largo del país, para llamar a los voluntarios a una emergencia o por ejemplo para indicar el mediodía, tradición que tiene su origen en el tradicional “cañonazo de las 12 del cerro Santa Lucía en Stgo” y que a falta de “cañones” en muchas ciudades se optó porque fueran los bomberos quienes alertaran esa hora, la hora de almuerzo para los obreros de la época y para verificar que todos los equipos de bomberos funcionen de manera correcta por si se produce una emergencia.
“En el año 1988, para el centenario, llega a través de la Junta Nacional de Bomberos la sirena actual que está ubicada o instalada en el Cerro Condell. Normalmente hoy se ocupa, como en su inicio, para el mediodía y solo cuando la emergencia es de proporciones se escuchan tres toques de la Sirena. Se declara una alarma de incendió y va a sonar la sirena tres veces” explica Cáceres en Curicó.
Esta paradoja de la modernización es notable: mientras la eficiencia y la mejora en la gestión de recursos impulsan el cambio hacia alertas digitales silenciosas, la sirena persiste por su profundo impacto emocional y simbólico.
Por estos días la sirena de los Bomberos de Curicó está en silencio, primero insólitamente, por una deuda eléctrica de la empresa que le facilitaba el servicio, deuda que según el Superintendente Jorge González van a tener que asumir como propia. Pero no todo es negativo, mientras no se solucione definitivamente el problema, los bomberos aprovecharán de bajar “la paila” de la torre del cerro Condell para una merecida mantención y se espera que en los próximos días vuelva a erguirse, majestuosa y nostálgica en lo alto de la ciudad.
Si usted quiere conocer más sobre la rica historia bomberil, no duce en visitar el Museo de Bomberos de Curicó ubicado en el Cuartel General de la Ciudad en Prat con Membrillar, incluso hay visitas para estudiantes.