El último viaje del Cazador: crónica de un naufragio anunciado
El "Vapor Cazador" era un buque de vapor de 250 toneladas, construido en Francia en 1848 y adquirido por el gobierno chileno en 1851 que naufragó en las costas de la región del Maule. Su historia marcó un antes y un después en la navegación marítima nacional. Cuando se pone por sobre la humanidad los intereses políticos.
Las aguas de Constitución guardan un sombrío secreto. Allí, frente a la roca muda de Punta Carranza, yace sepultada una de las mayores tragedias marítimas en la historia de Chile: el hundimiento del vapor Cazador. Era 30 de enero de 1856. En apenas veinte minutos, más de 450 personas se fueron a pique con la nave. No fue sólo un accidente; fue el desenlace de decisiones marcadas por la urgencia bélica, la desidia institucional y la obediencia a ciegas.
Una embarcación sobrecargada por la guerra
El Cazador no era cualquier buque. Construido en Francia, fue adquirido por la Armada de Chile en 1851 y puesto al servicio del transporte de tropas, municiones y víveres. Su silueta moderna representaba los aires de modernización que el país intentaba abrazar. Sin embargo, en enero de 1856, fue cargado con más de 500 personas, en su mayoría soldados del Regimiento Valdivia y sus familias, junto a prisioneros mapuches, funcionarios y personal auxiliar. El buque tenía capacidad oficial para poco más de 200.
Veinte minutos de horror
El 26 de enero zarpó desde Talcahuano con destino a Valparaíso. Cuatro días más tarde, la noche del 30, el desastre se precipitó.
A las ocho de la noche, mientras navegaba frente a Constitución, la nave chocó con una roca sumergida cerca de Punta Carranza. El impacto abrió una vía de agua y la nave comenzó a hundirse rápidamente. El capitán Ramón Cabieses intentó salvar la situación, pero la maquinaria no respondió. El buque se partió, y en menos de veinte minutos, desapareció bajo las aguas.
Las balsas eran escasas. Hombres, mujeres y niños se lanzaron al mar con la esperanza de alcanzar la costa. Solo 23 personas sobrevivieron. El resto, más de 450, se hundió con el vapor.
El rescate espontáneo
Fueron pescadores de Constitución quienes, al notar las señales de auxilio, salieron al mar en plena noche. Enfrentando la oscuridad y el oleaje, rescataron a los sobrevivientes y recuperaron cuerpos. La reacción espontánea del pueblo contrastó con la lenta respuesta oficial, que llegó al día siguiente.
Los primeros 23 sobrevivientes fueron acogidos en viviendas particulares. No hubo ceremonias ni discursos: solo humanidad frente al dolor.
Un desastre anunciado
La investigación posterior reveló que el teniente de guardia había fallado en su deber de vigilancia, pese a que las condiciones de visibilidad eran buenas. El capitán Cabieses había advertido por escrito que la nave no estaba en condiciones y que el número de pasajeros era excesivo. Nadie le hizo caso.
El consejo de guerra eximió al capitán de responsabilidad directa. Se reconoció que las decisiones logísticas, tomadas desde tierra, fueron las verdaderas causantes del desastre. Aun así, Cabieses fue relegado a funciones menores, en una sanción más simbólica que justa.
Lecciones escritas en agua
La magnitud de la tragedia sacudió al país. Familias enteras desaparecieron. El dolor colectivo se convirtió en noticia nacional y empujó a las autoridades a revisar las normas de navegación. Se fortalecieron los protocolos de seguridad, se exigió mayor fiscalización a las embarcaciones y se impusieron límites más estrictos a la carga de pasajeros.
El Cazador, al hundirse, dejó al descubierto las grietas de un sistema militar y logístico que antepuso la urgencia de la guerra a la seguridad de su gente.
Memoria en la costa
Hoy, frente a la playa Santos del Mar, una piedra recuerda a las víctimas. No es un monumento fastuoso, sino un gesto simple que resiste al olvido. El mar guarda sus nombres, y el viento repite la advertencia: no fue el mar el que los mató, sino la indiferencia.
La historia del vapor Cazador permanece como un eco de advertencia en cada decisión donde se juega la vida de otros. Y por eso, aunque hundido, sigue flotando en la memoria.
Las cifras de la Tragedia
El Cazador se hundió con más de medio millar de personas procedentes del Regimiento 2º de Línea, marineros de dotación del vapor, mujeres y niños, además de algunos civiles que cumplían funciones públicas en la zona, tal como consta en el manifiesto de embarque elaborado para el zarpe, lo que se constituyó en el naufragio con más muertes en la historia de la navegación en toda America Latina.
Según el manifiesto del embarque y los informes entregados por las autoridades, establecieron que de las 501 personas embarcadas oficialmente esa mañana, solo salvaron con vida una mujer y 42 marineros, pudiendo inferir, que el accidente, costó la vida de 458 personas.
El parte oficial elaborado por el capitán Cabieses y dirigido al Comandante General de Marina, fechado el 4 de febrero del mismo año, detallaba que el número de muertos correspondía a:
- 86 soldados del 2º de Línea que se encontraban prestando servicios en la Araucanía, bajo el mando del general José María de la Cruz
- 42 marineros de la tripulación del vapor Cazador
- 9 pasajeros civiles
- 166 mujeres en su mayoría esposas de los militares del mencionado Regimiento
- Un número indeterminado de niños y unos cuantos polizones, que según estimaciones del capitán Cabieses, sumarian unos 150