El caso del químico farmacéutico Francisco Albornoz Gallegos, de 21 años, cuyo cuerpo fue encontrado sin vida el pasado 3 de junio en las riberas del río Tinguiririca en la Región de O’Higgins, ha dado un vuelco con la aparición de nuevos antecedentes.
Albornoz fue visto por última vez el 23 de mayo en Ñuñoa, donde se encontró con dos hombres y principales sospechosos del crimen: Christian Alexander González Morales, un médico ecuatoriano de 31 años, y José Miguel Baeza Cortés, un chef chileno de 41 años.
Más tarde, González Morales se entregó a la Fiscalía Oriente, confesando su participación y aportando la ubicación del cuerpo de la víctima. En su declaración inicial, el médico sostuvo que Albornoz había fallecido producto de una sobredosis tras un consumo excesivo de drogas en un encuentro de "chemsex".
Sin embargo, esta versión comenzó a desmoronarse tras los primeros peritajes. El cuerpo de Francisco presentaba diversas lesiones que no serían compatibles con una simple sobredosis.
Según el certificado de defunción dado a conocer por The Clinic, indicaría que un traumatismo encéfalo craneano fue la causa principal del deceso. Mientras que, según indagaciones de La Tercera, la fiscalía se encuentra investigando la posibilidad que el joven farmacéutico pudo haber sido lanzado al río cuando aún se encontraba con vida.
El segundo implicado, José Miguel Baeza Cortés, fue detenido por la Policía de Investigaciones (PDI) en la comuna de Codegua, Región de O’Higgins. Al momento de su captura, el chef fue sorprendido quemando prendas que presuntamente pertenecían a la víctima, en un claro intento por destruir evidencia.
La fiscal de la Fiscalía de Ñuñoa-Providencia, Rossana Folli, confirmó que ambos sospechosos serán formalizados el próximo sábado 7 de junio. Se espera que en dicha instancia se pueda dar a conocer la autopsia final sobre el deceso de Francisco Albornoz.
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