El día en que el Maule Norte quedó sin alternativa: ¿Qué detiene al Maule Norte?

01 de Marzo del 2026 · 13:41

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de VLN Radio.

El día en que el Maule Norte quedó sin alternativa: ¿Qué detiene al Maule Norte?
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El lunes pasado veníamos desde Talca a Curicó con mis hijas para almorzar donde mis padres. Era un viaje de verano normal, como cualquier otro: risas, canciones, chistes, conversando tranquilos ya que íbamos con tiempo y sin apuro.

Hasta que, de pronto, la carretera se volvió una escena conocida, preocupante, pero conocida. Al frente, una muralla: dos camiones detenidos, como si alguien hubiese cerrado el camino con portón y candado. En segundos, nos miramos y entendimos que no era un “taco típico”. Este verano habíamos tenido congestiones —como todos los chilenos—, pero no algo así como ese día. No esa sensación de estar atrapado en un punto donde el tiempo deja de avanzar.

Bueno, y ahí empezó lo que después contaríamos como “dos horas y media de taco infernal”, tanto que el hambre y la fatiga pasaron a segundo plano.

Para nosotros fue un desajuste del almuerzo. Molesto, sí, pero manejable. No pasó más que eso. Para otros, en cambio, ese mismo retraso significó algo distinto y más caro: una hora médica perdida, un trámite imposible en oficinas que cierran a mediodía, trabajadores sin llegar, transportistas detenidos con carga, logística rota, costos que se acumulan y que, al final, terminan reflejándose —aunque nadie lo vea— en los precios de lo que consumimos.

Porque cuando una carretera se detiene, las consecuencias no se reparten parejo.
Algunos pierden tiempo. Otros pierden oportunidades. Y algunos, lamentablemente también, pierden ingresos. Lo fácil, es decir: “fue un accidente en la Ruta 5 Sur a la altura del cruce Maquehua”. Y sí, eso fue lo que efectivamente ocurrió. Pero lo importante no es el accidente.

Pero lo importante es lo que dejó este hecho al descubierto: en este tramo, con tanto flujo vehicular constante las 24 horas de los siete días de la semana, la Ruta 5 no es solo una carretera; es la arteria principal el sistema circulatorio del Maule norte.

Teno, Curicó, Sagrada Familia y Molina no son comunas aisladas conectadas por casualidad. Funcionan —cada día más— como un solo territorio integrado: personas que trabajan cruzando comunas, servicios compartidos, comercio encadenado, movilidad cotidiana, y sobre todo, una realidad productiva agrícola que depende de conectividad confiable efectiva e ininterrumpida. Este eje, la Ruta 5, es un corredor logístico: la agricultura no “sale” de la tierra; eso no es efectivo. Sale por nuestras carreteras, para llegar a los puertos y a todos nuestros hogares. Y cuando se corta la carretera, no se corta solo el viaje familiar: se corta la cadena productiva completa.

En la práctica, lo que se detuvo ese lunes no fue Curicó o el tránsito en la Ruta. Se detuvo una plataforma productiva territorial completa, que es el corazón de nuestra Región

Y aquí aparece la idea clave —la que incomoda—: cuando un sistema, en este caso la cadena productiva de nuestra Provincia, depende excesivamente de un solo punto crítico, como lo es la Ruta 5, no necesita una catástrofe para fallar. Basta un incidente o accidente. Bastan solo minutos.

Eso fue Maquehua: la manifestación visible de una fragilidad estructural que hoy tenemos, y que vivimos a diaro.

El Maule norte ha cambiado más rápido de lo que solemos reconocer y darnos cuenta. Creció el parque automotriz exponecialmente, se expandieron zonas residenciales, aumentó la producción y capacidad logística de la fruticultura y la agroindustria, y se intensificó el flujo intercomunal de personas en busqueda de trabajo o servicios. Pero mientras el territorio evolucionó, la arquitectura de su movilidad siguió operando con una lógica antigua: un único eje dominante, con rutas secundarias pensadas para lo local, y poca capacidad real de absorber interrupciones o incidentes.

Las rutas alternativas existen, pero no funcionan como una red paralela continua que sea capaz de absorber el flujo vehicular cuando la Ruta 5 se interrumpe. Por eso el colapso se propaga: lo que parte como un problema “en la carretera” se convierte rápidamente en un problema “de territorio”: comunas enteras ralentizadas, productividad agrícola golpeada, servicios tensionados, tramites detenidos.

Esto nos deja claro que cuando falla la Ruta 5, no falla solo el tránsito. Falla el sistema. Y aquí viene el punto decisivo –y que saca ronchas-; este diagnóstico no es nuevo. No estamos descubriendo América.

Existen estudios, y existen iniciativas de inversión. Existen proyectos de mejoramiento que apuntan precisamente a reducir esta dependencia de la principal carretera de nuestro país — y son medidas estructurales, accesos alternativos, soluciones de continuidad, rediseños de conectividad. No parches— que permitirían darle a nuestra Provincias de Curicó lo que hoy no tiene: redundancia estructural, resiliencia, capacidad de seguir funcionando cuando algo falla.

Entonces, el problema no es la falta de soluciones. El problema es otro, mucho más político y mucho más concreto: priorización y ejecución de las decisiones públicas.

Y no solo en el Maule, en Chile, muchos proyectos técnicamente correctos se quedan durmiendo en etapas administrativas en Santiago. Y no porque alguien sea malvado, sino porque compiten con cientos de otras urgencias nacionales. Pero cuando desde las comunas o Regiones no existe una señal clara, coordinada y persistente —ósea, cuando no hay una voz común que diga “esto es nuestra prioridad”— esos proyectos quedan esperando su turno, año tras año, en el escritorio de alguien con muchas otras urgencias.

Ahí está el nudo real. Si todo el Maule norte, su cadena productiva y sus personas, funciona como sistema, entonces necesita que su gobernanza funcione también como un sistema. Y eso requiere una decisión práctica: que alcaldes, autoridades regionales y actores locales actúen como bloque, coordinada y conjuntamente, para empujar prioridades compartidas, no como comunas aisladas empujando cada una su parte.

Este tramo de la Ruta 5 Sur, como varios otros, forma parte de una autopista concesionada bajo supervisión del Ministerio de Obras Públicas y el Sistema de Concesiones, con obligaciones específicas en materia de operación, seguridad y respuesta ante emergencias. No se trata de una ruta cualquiera: es infraestructura crítica administrada mediante contratos millonarios, justamente para asegurar continuidad del servicio cuando ocurren incidentes tan complejos como el que vivimos ese día lunes.

Y es justamente ahí, cuando emerge la crisis, cuando el rol de las autoridades territoriales se vuelve decisivo. Ya que cuando existen responsabilidades contractuales definidas y proyectosen carpeta conocidos, lo que corresponde no es seguir diagnosticando, sino ejercer voluntad ejecutoria y conducción: exigir coordinación conjunta entre actores claves, priorizar soluciones y empujar su ejecución ante el nivel central, evitando que las deficiencias reiteradas del sistema continúen transformándose en normalidad.

Porque esto no se destraba solo con diagnósticos y proyectos de escritorio. Se destraba con voluntad ejecutiva coordinada: instalar el tema como prioridad, sostenerlo como importante, empujarlo hasta que se transforme en obra. De lo contrario, seguiremos viviendo la misma escena cíclica: accidente, taco, indignación, resignación.

Maquehua fue un taco, sí. Pero también fue una radiografía del Maule norte actual: comunas cada vez más integradas, más productivas, más interdependientes… sostenidas todavía por una infraestructura diseñada para un territorio más simple y menos dinámico.

Y por eso la pregunta de fondo que debemos hacernos no es “cómo evitamos el próximo taco”. La pregunta —y creo que la única que puede importarnos ahora— es otra:

¿Vamos a seguir creciendo día a día con un sistema logístico y vial que se detiene cuando algo falla, o vamos a diseñar una estructura territorial capaz de sostener el futuro que ya estamos construyendo?

Porque las regiones no colapsan por un accidente. Colapsan cuando el crecimiento avanza más rápido que las decisiones que lo deben sostener.

Y ese lunes, entre camiones detenidos y niños preguntando cuánto faltaba, la región nos mostró algo sin decir una palabra: el futuro del Maule norte no depende solo de cuánto produce o cuánto crece… depende de si somos capaces de tomar las decisiones que impulsaran la infraestructura necesaria para este cambio.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de VLN Radio.

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