Han pasado exactamente 19 años desde aquel fatídico verano en que la promesa del fútbol chileno, Sergio Ibarra Alcaíno, vio truncados sus sueños y su vida a la temprana edad de 17 años. El trágico siniestro vial, ocurrido en el balneario de Iloca, comuna de Licantén, sigue latente en la memoria de sus seres queridos y del mundo deportivo que veía en él a una futura estrella.
El fatal incidente tuvo lugar en las cercanías de la antigua pista de aterrizaje, cuando el joven deportista caminaba por la Avenida Agustín Besoaín. En ese lugar, fue violentamente atropellado por una camioneta guiada por un conductor que se encontraba en estado de ebriedad, identificado en aquel entonces como Cristián Andrés Muñoz Cordero.
La muerte de "Checho", quien militaba en las filas de la Universidad Católica y era una figura de proyección en la Selección Chilena Sub 17, causó un profundo impacto en la ciudad de Curicó. Especialmente afectado se vio el sector de la Población Curicó, lugar de residencia de su madre, Jacqueline Alcaíno Hevia, quien año tras año viaja al lugar del accidente para rendir homenaje a su hijo en una animita levantada en su honor.
El legado de Sergio trascendió lo local. Su funeral congregó a una multitud y contó con la presencia del plantel completo de la selección Sub 17, liderada en ese entonces por el histórico Daniel Morón. Felipe Achondo, quien presidía la Rama de Fútbol de la UC en esa época, lo describió como un jugador de gran temple físico y experto en balones detenidos, lamentando la pérdida de un joven con inmensas proyecciones.
Hoy, a casi dos décadas de su partida, el caso de Sergio Ibarra Alcaíno permanece no solo como un doloroso recuerdo para su familia y amigos, sino también como un severo recordatorio de las devastadoras e irreversibles consecuencias de la conducción bajo la influencia del alcohol.