Del colapso a la vanguardia: El renacer del Hospital de Curicó tras el 27F

A 16 años del terremoto, el recinto de salud conmemora el segundo aniversario de su puesta en marcha, consolidándose como una infraestructura inteligente y resiliente al servicio de toda la comunidad.

27 de Febrero del 2026 · 12:42
Del colapso a la vanguardia: El renacer del Hospital de Curicó tras el 27F
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El camino hacia el nuevo edificio fue un proceso de años, marcado por complejos obstáculos administrativos y técnicos que exigieron decisiones firmes. Sin embargo, para el equipo hospitalario, cuya labor diaria se basa en la precisión y la vocación de servicio, el traslado definitivo representó un desafío colectivo que exigió un liderazgo y una logística responsable para no interrumpir el cuidado de los pacientes.

La mudanza representó una proeza de ingeniería logística y gestión del cuidado, permitiendo movilizar un hospital entero en funcionamiento en tiempo récord y sin poner vidas en riesgo. El proceso requirió ajustar rutas y procedimientos para garantizar siempre la opción más segura y eficiente. Hoy, la precariedad ha dado paso a un edificio inteligente de 109.152 m², diseñado con estándares de vanguardia que incluyen paredes antibacterianas, un sistema antisísmico de última generación y un helipuerto con tecnología automatizada.

El resguardo es integral, con más de 800 cámaras de vigilancia y controles de acceso que ordenan el flujo clínico, sumado a sistemas de detección de incendios especializados.

El nuevo hospital inició su operación ambulatoria en 2023 y se inauguró oficialmente el 27 de febrero de 2024. “No fue casualidad que la apertura ocurriera exactamente 14 años después del colapso del antiguo recinto; fue el cierre de un ciclo de reconstrucción y el inicio de una era de dignidad para la comunidad”, declaró el director del hospital, Jorge Canteros Gatica.

A continuación, se presentan los relatos de algunos de los funcionarios involucrados en esta transformación.

Dr. Jorge Canteros Gatica - Director Hospital de Curicó:  “Como jefe de la UCI, fuimos los últimos en evacuar. Estábamos en el tercer piso con ocho pacientes ventilados, sin agua y con el suelo inclinado. El hospital estaba vacío, pero no teníamos por dónde salir. Bomberos terminó sacándonos por la ventana, amarrados a los enfermos. Fue una odisea logística: trasladarnos a una clínica, cambiar oxígeno cada dos horas y resistir hasta poder evacuarlos a Santiago.

El camino hacia el nuevo hospital fue largo y difícil, pero el simbolismo es total: nos instalamos definitivamente un 27 de febrero. El mismo día que el terremoto nos quitó el hospital, 14 años después, la historia nos devolvió uno nuevo. Fue una estrategia impecable."

Dr. Luis Apara - Jefe CR Materno Infantil:  "La madrugada del terremoto no estaba de turno, pero llegué rápidamente al hospital con mi esposa. Recuerdo el sector de ambulancias del hospital antiguo lleno de pacientes mientras evacuábamos. Salí a recorrer las clínicas cercanas para evaluar si podíamos trasladar gente allí, tuvimos que dar una cuña radial para tranquilizar a las familias: el hospital seguía operativo gracias a los equipos de emergencia.

Fue un esfuerzo humano increíble. Los enfermeros y TENS bajaban las cunas de los bebés entre dos personas. La UCI, que estaba en el quinto piso, quedó para el final bajo un criterio de probabilidades y riesgo. Tras esa noche, para entrar al hospital antiguo y rescatar cualquier papel necesitábamos autorizaciones especiales. El 27 de febrero del 2010 marcó un antes y un después: pasamos de una tragedia nacional a la esperanza que representa hoy esta nueva infraestructura."

Los daños que sufrió el Hospital de Curicó quedaron en la menoría de toda la ciudadanía.

María Elena Basualto - Subdirectora Gestión de las Personas: "Meses antes del terremoto, en un Consejo Técnico se nos advirtió y aconsejó ante la posibilidad de que ocurriera, pero nunca dimensionamos la magnitud del escenario. Luego, en medio del desastre, nuestra prioridad fue doble: el paciente y nuestro personal. Sabíamos que los sistemas habían caído, pero nuestra gente necesitaba la seguridad de su sueldo para sostener a sus familias. El equipo de Recursos Humanos dejó sus funciones habituales para asegurar que nadie quedara desamparado.

Hicimos visitas para acompañar a nuestros compañeros y levantamos programas de intervención para medir el impacto emocional. Trabajamos con una convicción clara: no íbamos a claudicar y nos movía la esperanza de tener algún día un mejor hospital, de devolver a la población la dignidad de los espacios para ser atendidos como todos merecemos. Esa perseverancia, el no poner reparos a las tareas que nos tocaban, fue el cimiento que permitió que el hospital siguiera funcionando cuando la estructura física ya no daba más. Así como la solidaridad de algunos vecinos que nos llevaron agua y comida"

Alejandro Muñoz - Subdirector de Operaciones:  "Llegué al hospital un año después del terremoto, cuando operábamos en instalaciones provisorias. Con el tiempo, esos edificios, diseñados para una vida útil corta, empezaron a fallar. La demanda creció y el espacio se nos hizo pequeño; la infraestructura simplemente no daba más.

El contraste con el nuevo edificio es un mundo de diferencia en tecnología y confort. El antiguo hospital tenía características casi domésticas y sistemas de seguridad artesanales que, aunque funcionaron, ya estaban obsoletos. Antes, eran los funcionarios quienes sostenían al edificio con puro esfuerzo; hoy, la infraestructura inteligente está al servicio de ellos. Además, hemos profesionalizado la gestión con especialistas en cada área crítica. Después de 14 años de gestión y por fin, tenemos un hospital que cuida a sus pacientes y respalda el trabajo de sus funcionarios."

"Eran las 4 de la mañana cuando logramos entrar al hospital. Subimos a la UCI entre escombros y caídas de agua por una escalera que, según supimos después, estaba a punto de colapsar.

Manuel Alburquenque - Enfermero Jefe de Gestión de Pacientes y Camas:  El momento más crítico fue la espera. Evacuaron a todo el que podía caminar, pero nosotros nos quedamos con los pacientes de la UCI; ellos dependían de un ventilador mecánico y soporte eléctrico. Ver pasar las horas entre réplicas, sabiendo que el edificio podía ceder, fue estresante, pero nos movía una convicción: si no estábamos nosotros, ¿quién? No podíamos abandonarlos. También contamos con la ayuda de bomberos. Trabajamos días sin descanso, improvisando móviles para traslados aéreos y manejando el dolor de pacientes que llegaban lastimados.

Si comparo el hospital antiguo con este edificio moderno, la diferencia en tecnología y espacio es abismal. Sin embargo, hay algo que se mantuvo intacto desde las ruinas hasta hoy: el corazón del funcionario, eso no se derrumbó”.

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