Curicó

Más allá del deber: Personal de salud y del cementerio se convirtieron en la familia de niño que vivió toda su vida internado

El menor, quien padecía una compleja patología intestinal, no contaba con redes familiares activas. Ante su fallecimiento, el personal de salud y del Cementerio Municipal organizaron un funeral simbólico con globos y vestimentas blancas para honrar su memoria.

10 de Febrero del 2026 · 10:10
Cedida por un #ReporteroCiudadanoVLN

Una historia que mezcla el dolor con la inmensa solidaridad humana se vivió en las últimas horas en Curicó, tras el fallecimiento de Luis Valderrama, un niño de tan solo dos años de edad que pasó toda su corta vida internado en el hospital local. El menor padecía una condición de salud de alta complejidad, caracterizada por una patología que impidió el desarrollo de su intestino acorde a su edad, obligándolo a depender de una nutrición especial y cuidados permanentes.

La situación social de "Luchito" era tan crítica como su salud. Según los antecedentes, el niño carecía de redes familiares de contención. Ante este escenario de abandono, fueron los propios funcionarios del recinto asistencial quienes asumieron el rol de cuidadores y familia, brindándole afecto durante sus 24 meses de vida.

Yaritza Guzmán, jefa subrogante del Servicio de UPC Pediátrica, relató el profundo lazo que se generó entre el equipo médico y el paciente. "Luchito permanecía con nosotros 24/7. Generalmente, nuestro paciente es de estadía rápida, pero a él lo teníamos todos los días. Él rompía esa rutina del estrés propio de la unidad", señaló la profesional.

El personal no solo se limitó a lo clínico, sino que le entregó el amor, apego y los abrazos que requería un niño de su edad. "Él era nuestro niño. Queda la pena, pero también la conformidad de que se le dio un cuidado en la parte asistencial, pero también el cuidado que él requería como niño", agregó Guzmán, destacando que el pequeño devolvía ese cariño con sonrisas que iluminaban los pasillos del hospital.

El funeral del menor reflejó el impacto que su vida tuvo en quienes lo rodearon. Al no haber familiares presentes, el personal del Cementerio Municipal, liderado por su director Luis Figueroa, se coordinó con los funcionarios del hospital para realizar una ceremonia digna. Se solicitó a los asistentes acudir con ropa blanca y globos, transformando el sepelio en un acto de respeto y reflexión.

"Todo el personal del cementerio, unas 20 personas, se pusieron polera blanca y lo recibieron en el Campo Santo (...) sabíamos que iba a estar con niños jugando en el cielo", comentó Luis Figueroa emocionado.

Los restos del pequeño Luis Valderrama ahora descansan en un espacio del Cementerio Municipal destinado a niños y nonatos, despedido por la única familia que conoció: los funcionarios públicos que lo cuidaron hasta el final.