Mientras Carabineros realizaba las pericias tras el ataque a balazos protagonizado por un recolector de basura en el sector surponiente de Curicó, una voz disidente se alzó para exponer la otra cara de la moneda. Carolina, trabajadora que se desempeña como barrendera en la misma empresa Dimensión, llegó al sitio del suceso para prestar apoyo a sus colegas, pese a pertenecer a un sindicato distinto.
En medio de la conmoción, la trabajadora reconoció la gravedad del hecho, admitiendo que la situación "se escapó de las manos" y que el porte de armas "es un delito". Sin embargo, intentó contextualizar la violenta reacción de su compañero, denunciando un clima de hostilidad permanente contra el personal de aseo.
"Aquí siempre de repente somos atacados (...) A otra compañera le pasó en el centro, que solamente porque le topó el auto con el carro, una señora la amenazó con que le iba a reventar la casa. Entonces igual nosotros somos agredidos verbalmente y ahora físicamente", relató Carolina, exponiendo la vulnerabilidad diaria que enfrentan en las calles.
Más allá de la defensa a sus pares, la trabajadora lanzó una dura crítica contra Raúl Ibarra, dirigente del sindicato al que pertenecen los jóvenes involucrados en el incidente. Según Carolina, Ibarra fue contactado telefónicamente tras la balacera, pero no se hizo presente en el lugar para asistir a sus socios.
"El señor Ibarra es el que debería estar aquí apoyando a sus trabajadores. Nosotros lo llamamos, el teléfono se le apagó o no sé... pero está la otra persona del otro sindicato y nosotros como trabajadores también estamos apoyando acá", sentenció la mujer, evidenciando un quiebre en la representación gremial frente a la crisis.
Al cierre de sus declaraciones, Carolina aseguró desconocer la identidad específica del autor de los disparos, reiterando que su presencia en el lugar obedecía a una solidaridad de clase trabajadora ante la ausencia de los líderes sindicales oficiales.
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