Curicó

Preocupación por delicado estado de salud de Madre Irene

16 de Febrero del 2017 · 11:42
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En las últimas semanas el estado de salud de la fundadora de la congregación de las hermanas del Buen Samaritano ha ido empeorando paulatinamente, condición médica que ha puesto en alerta a sus benefactores y ha preocupado los amigos del hogar de acogida que funciona en Molina.

La Madre Irene hace un par de meses ya no se levanta de su cama, y en la última entrevista que concedió a Radio RTL de Curicó, acusaba dolores en sus extremidades inferiores, que le hacían casi imposible mantenerse en pie.

A comienzos de semana, desde el “Hogar del Buen Samaritano” (mismo lugar donde funciona la congregación), solicitaron que se iniciara una cadena de oración, para pedir por la pronta recuperación de la religiosa.

Todos los años la Radio Tropical Latina organiza una campaña solidaria para llenar de alimentos las bodegas del hogar de acogida que funciona en calle Igualdad. En la última edición de dicha campaña solidaria, la Madre Irene envió una carta a la radioemisora, en la que se refiere a su complejo estado de salud.

Queridos amigos, (…) les escribo esta carta desde el lecho del dolor con camino hacia el cielo, (…) les tengo a todos muy presente, pues no dejo de rogar al señor que los bendiga con creces a todos los que con entusiasmo, han ayudado a traer a esta casa de acogida al que sufre”, señalaba la misiva.

Domnina de Prado, nació en un poblado llamado “El Burgo Ranero” en León, España, el 5 de noviembre de 1927 (hace 90 años), y fue ordenada religiosa por el Obispo Carlos González.

En 1970 fue destinada a Chile, aquí llegó con 43 años de edad, el mismo día en que Salvador Allende fuera elegido como presidente de la república.

El 19 de junio de 1978 llegó a Molina, acompañada de su amiga y hermana de fe, Eloísa Rogel, con quien al día siguiente instaló su primer policlínico en el antiguo edificio de la Gobernación, recinto que les fue facilitado por el alcalde de la época.

Tres días después de comenzar a funcionar con más ganas que recursos, recibieron la visita del obispo Carlos González, quien bautizó la comunidad naciente con el nombre de las “Hermanas del Buen Samaritano”, y lo hizo sobre la única mesa que tenían, cuya función era escritorio, comedor y mesa de procedimientos médicos.

Hoy la “Madre Irene” como la conocen los vecinos y usuarios del policlínico que funciona en un rincón del hogar de acogida, está recibiendo cuidados de sus hermanas y personal médico del propio recinto.