El fin del periodo de vacaciones marca el inicio de un nuevo año escolar, un proceso que lleva a cientos de familias a retomar horarios y rutinas. Si bien para la mayoría de los estudiantes este retorno se vive con entusiasmo, para otros puede convertirse en una fuente de ansiedad o estrés significativo.
El psicólogo Joshua Pottstock analizó este fenómeno y explicó que el retorno escolar se puede dividir en cuatro etapas emocionales dependiendo de la edad: la ansiedad anticipatoria, la tristeza por dejar el descanso, la irritación en adolescentes por el cambio de rutina y, finalmente, el entusiasmo por el reencuentro social. Sin embargo, advierte que los padres deben estar atentos a las señales. "La ansiedad escolar no es simplemente una maña o una flojera (...) Cuando es persistente, puede estar indicándonos que hay un temor al fracaso, dificultades a la adaptación o incluso a situaciones de acoso que los niños no nos dicen", puntualizó el profesional.
Para un acompañamiento adecuado, el especialista en salud mental sugiere cambiar el enfoque tradicional que prioriza el rendimiento. "El primer día debería ser centrarnos en la adaptación, en el vínculo de los niños, en la organización como familia. Porque cuando el foco inmediato es el rendimiento y vamos y le decimos al niño 'cómo te fue', es más importante que 'cómo lo pasaste', entonces nos estamos todos en una posición en la que le estamos transmitiendo un mensaje de que lo importante no es cómo él se siente, sino cómo rinde", explicó Pottstock.
Este desafío no es exclusivo de la educación escolar, sino que también afecta a los universitarios, donde el inicio de un semestre impacta directamente en la autoestima y la validación externa. El psicólogo advierte que "el riesgo actual es que el universitario internalice la lógica productiva como una medida de valía, es decir, mientras más productivo soy, más valgo". En ese contexto, aclara que "el desarrollo académico no es lineal, que el error es parte del aprendizaje".
Finalmente, el mensaje transversal es la necesidad de apoyo familiar. Aunque la inestabilidad emocional es normal en las primeras semanas, si el malestar es intenso y prolongado, es fundamental buscar ayuda profesional y comprender que el retorno a clases es un proceso de adaptación continua.