Ley sin celulares en colegios: "El verdadero reto no es prohibir, sino convencer a los estudiantes", según un experto
Para Felipe Coloma, académico de la UDD, asegura que el éxito de la normativa dependerá del diálogo previo con las familias y de la capacidad de las escuelas para reinventar las actividades en los horarios de descanso.
Este 2 de marzo comenzó a regir en Chile la nueva ley que regula el uso de celulares y otros dispositivos móviles en los establecimientos educacionales. La medida, recientemente publicada en el Diario Oficial, establece la creación del artículo 10 bis en la Ley General de Educación, el cual prohíbe de forma explícita el uso de estos aparatos en los niveles de educación parvularia, básica y media.
Aunque la norma busca erradicar la distracción tecnológica dentro del aula, la legislación contempla excepciones específicas donde sí se autorizará el uso de dispositivos:
- Si el estudiante presenta necesidades educativas especiales y el equipo actúa como una ayuda técnica para su aprendizaje.
- En casos de emergencia, catástrofe o desastre.
- Si el alumno tiene una condición de salud diagnosticada por un médico que exija un monitoreo periódico mediante estos aparatos.
- Cuando su uso sea útil para fines pedagógicos en actividades curriculares o extracurriculares en enseñanza básica o media.
- Si el apoderado lo solicita de manera fundada y temporal por razones de seguridad personal o familiar del estudiante.
Además, para el nivel de educación media, la ley indica que los reglamentos internos de los colegios podrán habilitar espacios u horarios puntuales para el uso de celulares, respetando la autonomía progresiva de los jóvenes. Los colegios tendrán hasta el 30 de junio de 2026 para realizar las actualizaciones de sus reglamentos.
Para Felipe Coloma, director del Centro de Innovación en Liderazgo Educativo de la Universidad del Desarrollo (CILED-UDD), la nueva normativa apunta en la dirección correcta, aunque advierte sobre su complejidad. Según el experto, Chile tiene un acceso masivo a smartphones, y el uso desregulado ha demostrado afectar tanto la socialización como los niveles de aprendizaje, aumentando la distracción de los alumnos de acuerdo a evidencia de pruebas internacionales como PISA.
Sin embargo, Coloma hace hincapié en que aprobar la ley es la parte más fácil, mientras que implementarla correctamente es el gran desafío. El éxito de esta norma no depende solo de imponerla, sino de generar diálogo en las comunidades educativas. El académico explica que si los colegios prohíben los celulares de un día para otro sin conversar con las familias o los estudiantes, se generará mayor nivel de resistencia y la norma no será comprendida.
"Si los colegios no logran construir acuerdos, podemos transformar a nuestros directores, a nuestros profesores en un rol de fiscalización", comenta Coloma, enfatizando que la idea no es que los docentes pasen el día "quitando celulares". Todo el peso de la implementación recaerá en los reglamentos internos, los cuales deberán fijar acuerdos claros sobre las conductas esperadas y las sanciones, previa conversación con padres y alumnos.
Otro aspecto relevante que destaca el experto es cómo se enfrentarán los momentos libres de los estudiantes. Si se prohíbe el uso de pantallas, las escuelas se verán obligadas a repensar los espacios que actualmente se encuentran monopolizados por la tecnología.
El académico de la UDD plantea que es fundamental ofrecer alternativas atractivas para que el alumno no eche de menos el celular. Entre estas opciones menciona disponer de espacios para jugar fútbol, facilitar juegos de mesa o promover la visita a las bibliotecas durante los recreos. En definitiva, concluye que el rol de los líderes escolares junto con la entrega de apoyo y capacitación por parte del Estado serán piezas fundamentales para que esta prohibición se convierta realmente en una oportunidad educativa y no en un conflicto escolar.