Internacional

¿Tiene algo de bueno el nuevo plan de Paz para Israel y Palestina?

El nuevo plan de paz para Israel y Palestina tiene defectos, pero puede significar un punto de partida para una futura negociación.

07 de Febrero del 2020 · 13:00
Gil Cohen Magen / Shutterstock

Después de tres largos años de espera, la Casa Blanca ha hecho público su Plan de Paz (Peace to prosperity), un documento de unas 180 páginas al que Trump suele referirse como “el Acuerdo del Siglo”. Son muchas las causas de este intencionado retraso, pero por encima de otras debemos destacar las inminentes convocatorias electorales que afectan a Israel y a EEUU, ya que este plan se enfoca como un documento de consumo interno tanto para la sociedad israelí como para la norteamericana.

En lo que al plan en sí se refiere hay que decir que la propuesta es innovadora en algunos aspectos, pero en otros no hace más que recoger la herencia de otras iniciativas que ya fracasaron en el pasado.

La parte más revolucionaria del documento es la inclusión (Sección 6) de un importante paquete económico –esbozado en junio pasado en la conferencia “Vision from Peace to Prosperity” celebrada en Manama (Bahréin)-– que ha sido cifrado en 50 billones de dólares con el que no solo se desarrollarían infraestructuras (plantas de tratamiento de agua, hospitales, un servicio de empleo palestino, una universidad…), sino que también se buscaría mejorar las seguridad humana de los palestinos, incidiendo en aspectos como reducción de la pobreza, el incremento del porcentaje de mujeres trabajando o la reducción de la mortalidad infantil.

Todas estas medidas se implementarían a través de lo que Trump ha denominado un “banco de desarrollo multilateral”, cuyo fin último sería asegurar la transparencia y evitar la corrupción, uno de los males que más ha afectado a la ANP, el gobierno de Abbas. Además, el plan de Trump plantea una medida controvertida como es la anexión del Valle del Jordán (un 30% de Cisjordania).

Esta acción, que probablemente se lleve a cabo en las próximas semanas, ya que tanto Gantz como Netanayahu están de acuerdo, no solo limitaría la capacidad para irrigar del futuro estado palestino, sino que, además, lo aislaría internacionalmente, ya que limitaría las comunicaciones con Jordania.

Puntos polémicos


Entre los aspectos más polémicos del plan podemos destacar, por este orden, la cuestión de los refugiados, el estatus de Jerusalén y los asentamientos.

Si bien es cierto que se trata de un plan duro para los palestinos, no es menos cierto que es una opción realista ya que, debido a los continuos rechazos de ofertas de paz más benignas (Camp David 2000, Olmert 2007-2009), su posición para la negociación ha ido empeorado considerablemente con el paso de los años.

Además, desde el punto de vista internacional, los apoyos del pueblo palestino son cada vez menores y buena parte de los aliados palestinos (Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Egipto…) no han mostrado un rechazo frontal al proyecto presentado por Trump. De hecho, dentro del mundo musulmán solo Irán y Turquía han mostrado una clara y rotunda disconformidad con el plan ya que el resto se han limitado a decir que se trata de un buen punto de partida para la negociación.

Aunque es probable que este plan no prospere, sí que parece que marcará la línea a seguir de futuras iniciativas que probablemente podrán ser más generosas con el pueblo palestino, aunque sus dirigentes deberán valorar de forma realista cuáles son sus verdaderas opciones de futuro.

Este plan que presenta múltiples defectos, puede significar, tal y como han sugerido buena parte de los estados árabes, un punto de partida para una futura negociación.

Alberto Priego, Profesor Agregado de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, Departamento de Relaciones Internacionales, Universidad Pontificia Comillas

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.