Este miércoles 7 de enero, fuentes cercanas a la familia confirmaron el fallecimiento de Luis Alberto Martínez, una de las voces más emblemáticas de la música popular chilena. El artista, de 94 años, dejó de existir en el Hospital Carlos Van Buren, apagando así una garganta que musicalizó las noches porteñas por más de siete décadas.
Nacido en Curicó, Martínez encontró en los cerros y el plan de Valparaíso su verdadero hogar artístico. Su estilo inconfundible, caracterizado por una voz cálida y una elegancia innata para interpretar el bolero y el vals peruano, lo transformó rápidamente en un referente obligado de la bohemia, en una época donde la vida nocturna del puerto bullía entre teatros, boîtes y clubes sociales.
Durante su extensa trayectoria, Martínez no solo fue un cantante, sino un cronista de las emociones. Su repertorio, cargado de clásicos inmortales del cancionero latinoamericano, sirvió de puente entre generaciones, conectando el pasado romántico con el presente. Para los porteños, encontrarse con Luis Alberto Martínez en algún escenario de la ciudad era sinónimo de tradición y calidad interpretativa.
"Su instrumento era su voz y su escenario cualquier lugar donde hubiera alguien dispuesto a escuchar", recuerdan sus seguidores, destacando la autenticidad de un artista que nunca necesitó de artificios para emocionar.
El vínculo de Martínez con su público se mantuvo intacto hasta el final. En agosto de 2024, a sus 93 años, el cantante ofreció un emotivo concierto de despedida en el Teatro Municipal de Valparaíso. Aquella noche, el recinto se llenó de aplausos y ovaciones de pie, en un reconocimiento a una vida dedicada enteramente al arte.
Pese a ese retiro oficial de los grandes espectáculos, Martínez, fiel a su esencia, había declarado que seguiría cantando en la intimidad de las reuniones con amigos, reafirmando que para él la música no era un oficio, sino una forma de respirar.
Curicó y Valparaíso despide a una de sus voces más auténticas; aquella que le cantó al amor y al desamor con la misma intensidad, dejando un vacío irremplazable en el patrimonio cultural de la región.