Esa familiar sensación de cosquilleo y nerviosismo que nos invade antes de una primera cita o al enfrentarnos a un acto público de relevancia es, sin duda, una de las experiencias humanas más universales. Aunque tradicionalmente se ha asociado al enamoramiento y al romance, la ciencia revela que estas “mariposas” son, en realidad, una respuesta biológica intrínseca a nuestro mecanismo de supervivencia, específicamente al sistema de “lucha o huida”.
Según detalla la experta Amy Loughman, profesora de Psicología en la Universidad de Melbourne, en un artículo publicado en The Conversation, este fenómeno se desencadena cuando nuestro cerebro percibe una amenaza potencial, ya sea de índole física o social. Ante esta alerta, la amígdala envía una señal de advertencia al hipotálamo, lo que induce a las glándulas suprarrenales a liberar adrenalina y noradrenalina. Esta cascada hormonal prepara al cuerpo para reaccionar con la máxima celeridad ante el desafío inminente.
¿Cómo gestionar la aparición de las 'mariposas'?
En situaciones de amenaza, el organismo prioriza la redirección de energía hacia los músculos y el corazón, relegando temporalmente las funciones consideradas no esenciales. Como explica Amy Loughman, “El cuerpo reduce el flujo sanguíneo al estómago y los intestinos, y detiene el pulso digestivo constante del intestino”, interrumpiendo así la peristalsis, el movimiento natural del tracto digestivo.
Esta desconexión momentánea se comunica al cerebro a través del nervio vago, un conducto que enlaza directamente el sistema digestivo con el cerebro. Los aspectos clave de este proceso son:
- Interrupción digestiva: El movimiento intestinal se detiene para optimizar el uso de energía.
- Vasoconstricción: La sangre se desvía del abdomen hacia las extremidades.
- Señal visceral: El cerebro interpreta estas modificaciones físicas como el característico “revoloteo” en el estómago.
Respecto a cómo abordar esta sensación, la especialista sugiere que no siempre es necesario luchar contra ella; comprenderla como una preparación del cuerpo puede ser suficiente. No obstante, en casos de ansiedad persistente, se recomienda la terapia de aceptación y compromiso (ACT). “La clave podría estar en aprender a convivir con ellas, en lugar de intentar combatirlas o resistirlas”, concluye la experta.