¿Irritable y sin energía? Psicóloga explica cómo el calor extremo golpea la salud mental y entrega claves para protegerse

Más allá de la deshidratación física, las altas temperaturas provocan un desgaste silencioso en nuestro cerebro, aumentando la ansiedad y la intolerancia a la frustración. La especialista María Pía Gutiérrez advierte sobre la importancia de la higiene del sueño y la hidratación real para evitar el colapso emocional.

14 de Enero del 2026 · 17:05
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Por Marco Andrés Retamal

Con información de Bloque Matinal

Con las temperaturas superando los umbrales habituales en la zona central, muchos han notado que no solo sudan más, sino que también "soportan menos". Esta sensación no es coincidencia. Según explicó María Pía Gutiérrez, psicóloga clínica y docente de la Universidad del Desarrollo, el calor extremo actúa como un estresor directo sobre nuestra salud mental.

La especialista aclara que cuando nos enfrentamos a temperaturas extremas, nuestro organismo entra en un estado de alerta. "El cuerpo identifica el calor excesivo como un riesgo vital y redirige gran parte de su energía a la termorregulación para mantenernos a salvo", explica.

Este esfuerzo fisiológico tiene un costo: se "desvían" recursos cognitivos y emocionales, dejándonos vulnerables.

El impacto del calor en la psiquis se manifiesta de formas concretas que a menudo confundimos con simple estrés laboral o cansancio:

  • Irritabilidad explosiva: Aumenta la intolerancia a la frustración, lo que eleva el riesgo de agresiones interpersonales y conflictos domésticos o viales.
    Fatiga mental: Una sensación de agobio donde las tareas cotidianas parecen imposibles de abordar ("no me da la cabeza").
    Anhedonia: Pérdida de interés o placer por actividades que normalmente disfrutamos.
    Fallas cognitivas: Dificultad para concentrarse y problemas de memoria a corto plazo.

Uno de los factores más críticos es el sueño. El calor ambiental y la mayor exposición a la luz impiden la correcta segregación de melatonina (la hormona del sueño). "Si no logramos un descanso reparador, al día siguiente amanecemos con menos herramientas para gestionar nuestras emociones, agravando la irritabilidad", advierte Gutiérrez.

Para mitigar estos efectos, la profesional entregó recomendaciones prácticas que van más allá del bloqueador solar:

  • Hidratación inteligente: El cerebro necesita agua. Se debe priorizar el agua pura y evitar bebidas azucaradas, energéticas o alcohol, ya que estas generan una falsa sensación de frescura pero terminan deshidratando el organismo.
  • Higiene del sueño: Intentar dormir en habitaciones oscuras y ventiladas. La temperatura ideal para el descanso es bajo los 22°C.
  • Gestión de energía: Evitar realizar tareas física o mentalmente exigentes en las horas de mayor radiación solar.
  • Cuidado colectivo: Monitorear activamente a grupos de riesgo como niños, adultos mayores y mascotas, quienes sufren más el impacto térmico.
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